sábado, 27 de septiembre de 2008

Intento.

Hoy lo intenté una vez más pero los resultados, sin ser buenos, al menos superaron a los anteriores. Son muchas las veces por la semana en las que intento escribirte, luego llego un fin de semana aquí y la cosa cambia mucho, y el escribirte aquí nunca fue lo mismo. Mis cosas siguen igual que siempre, sin ninguna novedad destacable. Por la semana no me pasan los días y
y ya empiezo a hablarte como siempre, sin sustancia.
He estado pensando un montón sobre el seguir viniendo aquí. Sigo necesitando escribirte pero no de esta manera, sin nada dentro de mí q me haga decir o sacar.

sábado, 20 de septiembre de 2008

No olvido.

Viernes, domingo, lunes. . . todo es igual. Son sólo nombres. Esta semana empecé a escribirte, luché contra mi mismo pero no lo aguanté más. Luego un par de párrafos y el no saber cómo seguir. No lo hacía pensando en este sitio sino en el lugar de siempre, ya sabes a qué me refiero. Como dice la canción. . . si algún día con Dios puedes tú hablar......y esto lo pongo yo, pregúntale a Él. Hoy es sábado, dudo más q nunca el que un día puedas llegar aquí. Realmente no sabría el cómo podrías hacerlo.
Creo que era jueces cuando emepcé a escribirte, recorrí el mismo camino de manera rutinaria, supongo que te echaba de menos o que simplemente la mente me volvió a pasar una mala jugada. Aun no he descubierto el día sin que piense en ti. Supongo que tú ya hace tiempo que lo has hecho pero comprende, o no, me igual, que a mí me lleve un poco más de tiempo. Algún día puede que lo consiga, que te transformes en un simple recuerdo, del que incluso quieras olvidarte, pero de momento me tienes así. Echo de menos todo pero lo que me castiga diariamente es la conciencia. Mañana ya es domingo, volveré a irme, vendrás conmigo en el coche, y todo volverá a empezar de nuevo, no sabes lo monótono que es todo Te llevo dentro, escondida, y no hay llave en el mundo que pueda abrir ese cofre. !Qué más puedo decirte!. He gastado todas las palabras. Soy una réplica de lo que era. Ni despedirme tengo ganas ya.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Quietud.

Dicen que después de la tomenta llega la calma, y así es. Transitoria pero aun así, se agradece. La paladeo, disfruto de ella el tiempo que dure y antes de que vea aparecer las nubes negras del horizonte. He descubierto hace poco un libro que me da quietud. No es el típico manual de autoayuda sino que viene a contar la vida que nos rodea de otra manera, más cercana a cómo percibo todo desde hace tiempo. El hombre da consejos bajo la lupa de su experiencia, experiencias duras y no de pseudoacadémicos. Cuando viene la quietud lo único siento es una lámina de agua en calma y no sé si oigo algo, pero todo está en armonía.
El viernes volví a sentir. Vino como siempre, de repente. Estaba en la oficina, trabajando. Viniste y quise contarte, decirte. Sentí ganas de desconectar el cable de red del equipo y abrir un documento de texto. Sacar lo que había dentro de mí. Y vino así, entra y sale a su antojo. Todavía cuando suena el móvil o el aviso de mensaje, aun hoy y a estas alturas algunas veces se me enciende algo dentro. Al poco tiempo despierto de mi sueño. Recupero mi normalidad. O quizá .. . mi anormalidad.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Bálsamo.

Anoche miraba la televisión pensando en "escribe". Hoy ha sido diferente en cierto sentido, tuve buenas noticias. El monstruo de las siete cabezas se ha llevado un buen golpe. Este fin de semana sólo te escribo hoy. Como te decía llegar y contarte un montón de basura o volver una y otra vez con lo mismo, es realmente cansino, me aburro a mi mismo de decirte siempre lo mismo, el sentirme siempre igual. De verdad. Son muchos días ya. Muchos. Y cuando sí puedo escribirte el mensaje es exactamente el mismo que hace 3 semas ó 4 meses. Aunque sienta esa necesidad es regresar a un estado de ánimo en el que me sumerjo demasiadas veces. Me esfuerzo en construir sueños pero cuando me doy cuenta siempre estoy reparando los viejos, los rotos. No sabes cómo me gustaría dar marcha atrás en el tiempo.

viernes, 29 de agosto de 2008

Vuelvo.

Vuelvo.
Sin haberme ido en realidad. La semana pasada ya sabrás lo que ocurrió. En esta no he soñado. Vengo saturado del mundo exterior, de todo lo que hay en él. Un mundo diferente al que he construído para los dos. Hoy es mi mejor de la semana. Siempre lo es. Es una historia que se repite semanalmente, el viaje en coche, los pensamientos. Todo.
Llego y visita de rigor a los tíos. Luego al fin. . . .. en casa. Nunca te cuento del mundanal mundo que me rodea. Esta semana he visto a una familia de chinos o asiáticos en un Mc Donald. Todos obesos menos la niña pequeña. El hijo pequeño era un clon del padre, como una pieza en miniatura. No debería tener más de ocho años. Una niña de trenzas parecía la oveja negra de la familia.
Alguien me ha contado como un viejo de 60 intentó "pasarse" con ella. Agobiada. Nerviosa.
He visto en la calle a una madre enfadada llamarle "asquerosa" a una niña que no debería tener ni 6. "¿Asquerosa?", asco es lo que me dio ella en ese momento. Luego me pregunté si dentro de otros 30 esa niña haría lo mismo con su hija. He oído como el presidente de la comunidad del piso que tengo alquilado hacía chistes despreciativos sobre su origen hacia un amigo argentino mientras traía su latita de anchoas para picar con el vinito. Qué selectiva puede ser la memoria de algunos desgraciados.
Son algunas de las cosas de una simple semana.
No creo que puedas comprender la perfección de algunos momentos de mi mundo ni el desprecio que puedo llegar a sentir hacia lo que algunas veces me rodea. Desprecio o simplemente vacío. Si a ese pobre desgraciado lo hubiese partido un rayo en ese momento o sufriese un ataque al corazón, creo que ni hubiese pestañeado. Quizá mientras se retorciese en el suelo le recordaría que es el indio el que está preocupado por él. No yo. Hipocresía es lo que me rodea. Millones se sienten afligidos en un país por 150 que han muerto en un accidente aéreo. Psicología colectiva, Freud escribió sobre eso. Seguramente no aprobarías el oirme así.
Esto es parte de lo que soy ahora. Quizá no me reconozcas y quizá no te reconociese yo a ti ahora. Conservo dentro de mí a la que eras. Ojala si algún día piensas en mí, hagas tú lo mismo. He evitado venir aquí siempre contándote quejas, sentado ante un teclado sin saber cómo contarte. Decirte que sigo echándote de menos sin que me veas como a un perro quejumbroso. He ido el jueves al cine con una amiga. Batman, el caballero oscuro. Me encanta Batman, me encantaban los comics cuando era un crío.
Quiere algo de mí que yo no puedo darle. Y no sé cómo decirlo sin romper o estropear una amistad.
Mañana saldré, me pondré la careta de sábado noche. Fingiré que todo está en orden, me estoy convirtiendo en un gran actor, pena de un director de cine cazatalentos. Iremos de cena y luego beberé sin mesura. Así quizá, aunque sólo sea por unas horas, logre olvidar el día en que te conocí.

domingo, 17 de agosto de 2008

Reproches.

Salgo ya de pronto. He de pasar por un hospital a ver a alguien, se encuentra bastante mal. En realidad no significa mucho para mí, o más de lo que me pueda importar el bienestar de otra persona. Más bien es el hecho de acompañar al que está con ella. El noviembre pasado estaba en el mismo sitio, pero otra persona estaba en otra cama. Ultimamente vengo aquí y es que me pongo más triste al escribirte. Lo siento. Me he preguntado si algún día lejano, leerás algo de todo esto y quiénes seríamos ambos. He estado dolido por ti, lleno de reproches. Si no te quisiese así, todo sería mucho más fácil. Me voy, una semana más.

sábado, 16 de agosto de 2008

Nada.

Nada que contar que no haya dicho ultimamente. No te imaginas el tiempo que me paso pensando en ti. En todo esto. No puedo irme a la cama sin decirte nada. No lo hago con unas buenas noches, ni siquiera eso, pero no puedo irme así.