sábado, 24 de mayo de 2008

Eurovision.

Por decir algo. Es sábado y hoy me quedo en casa. Me invitaron el pasado a un cumpleaños, pero hoy no saldré, no toca. Salí el sábado pasado y he pasado ficha para una buena temporada. Salí pero no conseguí cogerme esa gran cogorza. Me encontré a H., una careta puse. “Sí, mucho tiempo, pero todo bien”. Quedé en pasar por su casa un domingo a tomar un café y hablar, pero mentí. Luego lo mismo con más gente. Que dónde me meto, qué es de mi vida, etc etc etc. Más caretas, más representaciones, hasta que el alcohol empezó a circular en serio por mis venas. Ahí mi mente empezó a aparcarte un poco. Mi mente o el alcohol, no sé. Sea como sea, no hasta el nivel que a mí me gustaría. ¿Qué nivel es ése??. No sé. Hasta caer inconsciente y despertarme en una isla del Pacífico y descubrir que tengo un chiringuito de helados para turistas americanos y europeos. Vivir con un bañador y camisa de palmeras. Subirme en taparranos a por cocos para comer, yo que sé.

Sea como sea, me quedo. No sé si pasará más de un año hasta que regrese. Ni idea, no echo de menos nada de lo de antes. Quizá porque contigo me fui separando de todo aquello. Quizá porque nada de lo que me ofrezca me sirva de algo. El hueco es muy grande y no sé cómo rellenarlo. Si el problema no afectase a mi parte emocional, sin duda, encontraría una salida. No me cabe duda de eso, pero soy ciego al afectarme de esta otra manera. Una manera hasta ahora desconocida. Estoy aturdido, desorientado, miro a mi alrededor pero todo es oscuro. Hace muchos años, cuando era un niño, en las fiestas de esta ciudad, una multitud e iba agarrado a la mano de mi madre o mi padre. La solté y me puse a ver una tómbola o algo así. Y me perdí. Ahora paso de 30 pero estoy como aquél niño.

Me he quedado como ese niño. Eras mucho más que una novia. Lo eras todo. Acabaré de ver la película, de vaqueros. Una de mis favoritas. Luego, a la cama. Mañana empieza otra rueda.

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