sábado, 17 de mayo de 2008

Pueblo.

Hoy me quedo aquí, he de echar una mano. La verdad es que no recuerdo la última vez que dormí en esta casa. Toda la casa me trae algún recuerdo. Incluso el propio pueblo, antes de venir aquí he dado un buen paseo. Aquí me he criado y hay mil recuerdos detrás de cada cosa que veo de antes de que tú llegases. Y después de que aparecieses. Esas son las peores.
Hace poco ha vuelto dolerme hasta el respirar. Y ahora estoy como un niño que tiene ganas de llorar. Estoy en una palabra, roto. Pasan las semanas, los meses y no encuentro una manera de salir de este agujero. Y aunque digo agujero, lo que tengo ganas de decir es de “este jodido agujero”.
Cuando acabe el trabajo esta noche voy a salir. Después de hace tropecientos mil años volveré a salir en este pueblo. Y quizá me coja la madre de todas las cogorzas, puede que no te escriba mañana. Eso supondría un fracaso, otro. Pero creo que los dos nos hemos fallado mutuamente.
Fuera de este mundo sigo teniendo cosas al alcance de mi mano, sigo pudiendo conseguir cosas pero hay un vacío porque sigo como ese barco que está a la deriva. Ayer por primera vez hice una entrevista para un puesto de directivo, o eso es al menos, como me lo vendieron. Al bajar a la calle, me pregunté si te gustaría, qué pensarías tú. Pensé que si lo conseguía ya no tendrías que dar golpe el resto de tu vida. Yo lo haría todo por ti y pediría muy poco a cambio. ¿Dónde estás y por qué has hecho esto?.
No me gusta venir aquí. Regreso y me derrumbo, y me veo forzado a mi representación teatral, pero es como el que está debajo del agua. No soy capaz de aguantar mucho tiempo. Y me importa poco el derrumbarme yo, lo he hecho mil y una veces. Lo malo es cuando motivo que se derrumbe lo que me rodea. Te he hablado de esto una vez.
Ahora te dejo. He de cenar y luego trabajar.

No hay comentarios: