domingo, 29 de junio de 2008

Piedra.

Siento como si hubiese lanzado una piedra al vacío, creo que todo el mundo siendo un niño ha hecho eso. La dejas caer y al soltarla te parece que baja demasiado deprisa, y deseas que lo haga más despacio para poder verlo todo mejor. Luego impacto en el agua, se hunde, violencia en la superficie que se apaga con las últimas ondas contra paredes de piedra. Luego nuevamente silencio, quietud. Nada ha pasado. Y uno sigue mirando hipnotizado esa lámina de agua. Con ganas de coger otra piedra.
Luego escuchas una voz, materna o paterna, que te dice que hay que irse.Despiertas de la realidad y el reloj sustituye esa voz. Sales de tu abstracción y descubres que ya eres un adulto. Pero sé que cuando me sienta tranquilo, el niño volverá a ese pozo, o a alguna pradera verde, o a recuerdos con un perro. No sabes cuánto te echo de menos. Ni cómo te he querido.

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