Hoy es lunes y mañana ya no podré escribirte. Mañana parto de viaje una vez más, pero esta vez, hago dos paradas. Una de ellas es importante porque puede que haga cambiar todo lo que es mi mundo exterior. No sé si debería estar nervioso o impaciente o intranquilo, pero de lo que estoy seguro es que cuando coja el coche mañana, tú estarás en mi pensamiento. Cuando llegue allí, lo haré antes de la hora prevista, y mientras espero tú volverás. El que entres en mí de esa manera hará restar trascendencia a lo demás por importante que esto pudiese parecer a priori. Luego se habrá acabado todo, la suerte quedará echada y sólo restará esperar. Emprenderé camino a mi segunda y última parada, y mientras rebobinaré lo sucedido y mis posibilidades reales.
Es curioso pero el paso del tiempo ya no me lo marca el calendario que tengo en la oficina, sino el paisaje, cuando conduzco, es entonces cuando realmente me doy cuenta de que estamos en primavera o verano, y todo queda referenciado con respecto al verano pasado.
Después de mañana no sé qué pasará, en todo caso, el miércoles trabajo y no regresaré hasta el fin de semana. Dudo que ya este fin de semana pueda decirte en qué acaba todo.
lunes, 28 de julio de 2008
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