Al final no ha pasado nada esta noche. Me quedo en casa, lo retraso hasta la semana que viene. Más que nada por JL. Está en la otra punta de España. No me apetece tampoco pasar ratos de la noche con la panda o parte de ella, contestando por partes a un un “Hola qué tal, dónde te has metido?”. Y contestar pensando en que no soportas esa compañía y desear estar en cualquier otro sitio. Luego me encontraría a los clásicos del pueblo, buscando parejas imposibles. El tiempo va pasando en nuestra generación y ves escenas que te parecerían increíbles en el instituto. Ellas bajan el listón hasta límites insospechados, ellos atacan a cualquier cosa que se mueva. Pasa el tiempo, ellos con menos pelo (a mí aun no me ha afectado), más fondones, emparejados, no sé si por necesidad o por inercia. Luego puede que llegue el momento de recordar anécodtas del pasado. Puede que un “te acuerdas cuando vino la guardia civil a sacarnos de la piscina de la urbanización de al lado?”, o un “cuando nos reunimos todos y nos vamos de cena??”. Frases gastadas, una cena que nunca llegará, unos tiempos que nunca volverán porque todos hemos cambiado. La vida nos ha cambiado. Y de qué manera.
He quedado en visitar a H, hace tiempo, en pasar por su casa. Pero es una cita que ya sé su argumento, su inicio, desarrollo y final. Hoy no salgo, el próximo supongo. Viviré una noche cientos de veces repetida. Y te la contaré. El día que no lo haga será por dos motivos, que algo se habrá muerto dentro de mí o que algo importante me lo habrá impedido.
domingo, 13 de julio de 2008
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