Una noche más, un día más perdido, navegando. Dicen que es precisamente en el ojo del huracán donde te encuentras a salvo, en plena quietud, pero me temo que no he alcanzado ese lugar. O por lo menos, no es el sitio en el que me encuentro ahora. O yo no lo veo así. No sé decirte bien dónde me encuentro, ni yo mismo lo sé. Sólo que no existe una noche en la que después de cerrar los ojos, no vengas a mí. Y eso, en el mejor de los casos.
Hay otros mucho peores y mientras pasa el tiempo, la vida a mi alrededor, yo me sigo aferrando a un recuerdo. No quiero que me creas ya, no escribo por ti en este momento, sino por el que hay dentro de mí y que no sabe hacer otra cosa. Y que cuando me salto un día, me recuerda siempre ese día. En momentos como hoy lo veo como algo molesto, otras no puedo estar sin él. Supongo que es él un poco nuestro ángel. No sé si tú te has arrepentido alguna vez del día en que nos conocimos, en lo fácil que hubieran sido las cosas. No puedo saber cómo hubieran sido, sólo sé cómo son ahora y desafortunadamente, no podemos hacer nada para cambiarlas. Al menos en mi caso. Siento a veces que sigo viniendo aquí como un perro lastimero que no hace más que lloriquear pero en el fondo, nos debo fidelidad a una parte de nosotros mismos. Eso por una parte. La otra ya la conoces.
sábado, 26 de julio de 2008
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