Vuelvo.
Sin haberme ido en realidad. La semana pasada ya sabrás lo que ocurrió. En esta no he soñado. Vengo saturado del mundo exterior, de todo lo que hay en él. Un mundo diferente al que he construído para los dos. Hoy es mi mejor de la semana. Siempre lo es. Es una historia que se repite semanalmente, el viaje en coche, los pensamientos. Todo.
Llego y visita de rigor a los tíos. Luego al fin. . . .. en casa. Nunca te cuento del mundanal mundo que me rodea. Esta semana he visto a una familia de chinos o asiáticos en un Mc Donald. Todos obesos menos la niña pequeña. El hijo pequeño era un clon del padre, como una pieza en miniatura. No debería tener más de ocho años. Una niña de trenzas parecía la oveja negra de la familia.
Alguien me ha contado como un viejo de 60 intentó "pasarse" con ella. Agobiada. Nerviosa.
He visto en la calle a una madre enfadada llamarle "asquerosa" a una niña que no debería tener ni 6. "¿Asquerosa?", asco es lo que me dio ella en ese momento. Luego me pregunté si dentro de otros 30 esa niña haría lo mismo con su hija. He oído como el presidente de la comunidad del piso que tengo alquilado hacía chistes despreciativos sobre su origen hacia un amigo argentino mientras traía su latita de anchoas para picar con el vinito. Qué selectiva puede ser la memoria de algunos desgraciados.
Son algunas de las cosas de una simple semana.
No creo que puedas comprender la perfección de algunos momentos de mi mundo ni el desprecio que puedo llegar a sentir hacia lo que algunas veces me rodea. Desprecio o simplemente vacío. Si a ese pobre desgraciado lo hubiese partido un rayo en ese momento o sufriese un ataque al corazón, creo que ni hubiese pestañeado. Quizá mientras se retorciese en el suelo le recordaría que es el indio el que está preocupado por él. No yo. Hipocresía es lo que me rodea. Millones se sienten afligidos en un país por 150 que han muerto en un accidente aéreo. Psicología colectiva, Freud escribió sobre eso. Seguramente no aprobarías el oirme así.
Esto es parte de lo que soy ahora. Quizá no me reconozcas y quizá no te reconociese yo a ti ahora. Conservo dentro de mí a la que eras. Ojala si algún día piensas en mí, hagas tú lo mismo. He evitado venir aquí siempre contándote quejas, sentado ante un teclado sin saber cómo contarte. Decirte que sigo echándote de menos sin que me veas como a un perro quejumbroso. He ido el jueves al cine con una amiga. Batman, el caballero oscuro. Me encanta Batman, me encantaban los comics cuando era un crío.
Quiere algo de mí que yo no puedo darle. Y no sé cómo decirlo sin romper o estropear una amistad.
Mañana saldré, me pondré la careta de sábado noche. Fingiré que todo está en orden, me estoy convirtiendo en un gran actor, pena de un director de cine cazatalentos. Iremos de cena y luego beberé sin mesura. Así quizá, aunque sólo sea por unas horas, logre olvidar el día en que te conocí.
viernes, 29 de agosto de 2008
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