domingo, 14 de septiembre de 2008

Quietud.

Dicen que después de la tomenta llega la calma, y así es. Transitoria pero aun así, se agradece. La paladeo, disfruto de ella el tiempo que dure y antes de que vea aparecer las nubes negras del horizonte. He descubierto hace poco un libro que me da quietud. No es el típico manual de autoayuda sino que viene a contar la vida que nos rodea de otra manera, más cercana a cómo percibo todo desde hace tiempo. El hombre da consejos bajo la lupa de su experiencia, experiencias duras y no de pseudoacadémicos. Cuando viene la quietud lo único siento es una lámina de agua en calma y no sé si oigo algo, pero todo está en armonía.
El viernes volví a sentir. Vino como siempre, de repente. Estaba en la oficina, trabajando. Viniste y quise contarte, decirte. Sentí ganas de desconectar el cable de red del equipo y abrir un documento de texto. Sacar lo que había dentro de mí. Y vino así, entra y sale a su antojo. Todavía cuando suena el móvil o el aviso de mensaje, aun hoy y a estas alturas algunas veces se me enciende algo dentro. Al poco tiempo despierto de mi sueño. Recupero mi normalidad. O quizá .. . mi anormalidad.

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