viernes, 29 de febrero de 2008

Viernes XXXV

Hoy vengo antes. Un pequeño descanso en el estudio, una pequeña tregua con mi pensamiento al sentirte lejos. Mañana tenía previsto ir al pueblo, no sé si a dar la cara, pero sí para hacer acto de presencia y dejar ver que todavía sigo en una parte del mundo.

Me he preguntando varias veces esta tarde el todo sobre ti en estos momentos de tu vida. He vuelto a vivir en el pasado, en mi presente. Media docena de escenas, de momentos vívidamente representados al cerrar los ojos. Un coche, una carretera recorrida tantas veces en un sitio ahora tan lejano. Una cafetería, una biblioteca, su hora de apertura. Todo. Todo está aquí dentro.
Tu voz aquella mañana. Todo empezó allí. Quizá antes pero no me di cuenta de nada.
A veces te prometo que no puedo más. Que no sé cómo salir de esta mierda. En las razones que me podrías dar en estos momentos, en respuestas a docenas de preguntas.
Estoy roto como nunca antes. Y no sé qué hacer, como dice la canción, siempre veo la misma pared. No sé si podrías comprender todo esto.
Vengo a escribirte porque no aguantaba más sin hacerlo. Me pongo a escribirte y no encuentro fuerzas para seguir haciéndolo. Y volvemos a empezar. Una y otra vez.

jueves, 28 de febrero de 2008

जुएवेस क्स्क्स्क्स्व.

Amor mío।।Sé que ayer no te escribí pero sabes sobradamente que has estado conmigo no hay un solo día en que no estés conmigo। Lo que ha pasado ayer ha sido un nuevo episodio de fustración। Una vez te dije que avisaras en casa de que ibas a buscar tabado y bajases, yo te estaría esperando abajo. Lo cierto es que te di la idea pero cuando me di cuenta, habías sido tú la que me dijiste que te ibas a por tabaco. Y eso duele. Unos días más que otros.
Esta tarde he cogido el coche, las mismas canciones pero sonaban de una manera diferente. Ya no te digo lo que necesito o no necesito de ti porque todo lo mejor lo he reunido y lo conservo conmigo, y es mi motor. Ignoro si algún día comprendería alguna explicación, si ni siquiera quisiera escucharla. Si ni siquiera quisiese verte o saber de ti por si la realidad ensucia mi pequeño universo. No sé si algún día estaré preparado. Si este barco encontrará tierra firme o al menos, alguna gaviota, aunque sea fruto de mi imaginación. Hasta que un día muera y pueda por fin comprobar la existencia o no, de eso que llaman tierra prometida. Algo así como un paraíso.

Mientras tanto tengo que esperar y seguir viviendo así.
Hoy no he visto la luna pero te cuento que los tréboles de cuatro hojas han recobrado buen aspecto, poco a poco. No sé si traerán buena suerte, ya no sé si creo en ello, me quedan pocas cosas en las que creer. Pocas cosas que me importen. Me sigo sintiendo capaz de conseguir objetivos pero es diferente el hacerlo sin creer en algo. Para mí es vital el creer en algo. El soldado, el guerrero que cree en algo, de corazón, es más valioso que 3 mercenarios. El creer en algo supone muchas veces la diferencia entre la derrota y la victoria.
Todo el mundo debería creer en algo. Al menos encontrarían significado a una parte de su vida.
Me he quedado solo, perdido y con el corazón roto. Tengo todo lo que puedo necesitar y siento que no tengo nada. Yo mismo soy una contradicción.

martes, 26 de febrero de 2008

मर्तेस क्स्क्स्क्सिव.

Dormí fatal. Tuve primero frío, los pies congelados, durante al menos una hora. Luego se fue desvaneciendo todo. Recuerdo sudor, luego me destapé. Luego frío. Soñé con mi hermana y su novio. Con otra persona que hace siglos que no veo. Por la mañana las sábanas hechas un nudo a mis pies. Supongo que fueron los fantasmas, otra vez.

Durante el día y por casualidad vi a un chico que no veía desde mi época de estudiante. Sigue exactamente igual. Un buenazo. Me dijo de ir a comer pero había quedado con mis tíos. Lo cierto es que me hubiese gustado ir a comer con él.
Los recuerdos que guardo de él es de un estudiante inteligente que se pasaba el día jugando al PC. Tenía en su día una novia que me caía fatal. Por lo general, creo que muy pocas novias de mis amigos me han caído bien. Sólo un par de ellas. Se llama Fernando, un poco más gordo (bastante más) que hace 14 años atrás. Lo recuerdo en un ordenador jugando con un montón de vecinos estudiantes, por lo general, siempre malos estudiantes.
Hoy lo vi y me recordó que aún queda una parte buena del mundo, inocente, ajena a los submundos. Esta mañana he vuelto a sentirte. A desesperarme. A sentirme como el león enjaulado. Y a veces aún eso sigue marcando el resto de mi día. En esos días me resulta complicado el concentrarme en lo que hago, en lo que he optado por hacer. Me resulta complicado todo en general.
Muchas veces porque sigo viviendo en y del pasado. De todo lo que hay allí acumulado de los dos, suficiente para maneterte viva dentro de mí y gracias a eso, vivo yo día a día.
Y con Fernando, con cualquier cosa nos alimentamos un poquito। Y así día a día. también.

Allí donde estés ahora, descansa mucho. Yo seguiré esperándote. A la de carne y hueso.

Martes XXXIV.

Llevo ya un buen rato sentado, pensando en cómo empezar, en qué decirte. Mi mente lleva unos minutos en una nebulosa. Estoy un poco griposo, os oídos me zumban y la cabeza me pesa.
Escucho mientras música, Silvio Rodríguez, las canciones que me gustan de él y me relajo hasta un punto en que me paso un buen rato en esta pequeña nube, acompañado de su música y mi sinusitis. Escucho sus letras y una lágrima traidora resbala por mi mejilla.
Luego cierro los ojos y pienso en el tiempo, lo veo como una barrera física que pasivamente lucha contra mí. Pero desconoce la fuerza de mi corazón. Yo mismo la desconocía.
Tengo los pies muy fríos esta noche amor mío. Me voy a dormir. Un besito.

lunes, 25 de febrero de 2008

Domingo XXXIV.

Como el domingo pasado, esta tarde volví a alimentar esperanzas para que sucediese un pequeño milagro. Lo mejor de la esperanza es su precio, apenas cuesta nada y en cambio el valor del premio puede ser incalculable. Sin embargo, nada pasó. Nada a excepción de otro día. Uno que será numerado como Domingo XXXIV.

sábado, 23 de febrero de 2008

Sábado XXXIV.

Otra canción, esta vez de alguien diferente.

Dame tiempo, dame ganas
y amaneceré
bajo un sol de madrugadas
descubriéndote

Te desnudarán mis manos
y te arroparán mis labios

Sí y habré entendido que morir así
me duele menos que vivir sin ti
y olvidaré que cuando te perdí lloré, lloré, lloré
Sí habré entendido que morir así
me duele menos cuando estás aquí
y olvidaré que cuando te perdí... lloré

En la esquina del olvido
amaneceré
despertando tus recuerdos
abrazándote

Me desnudarán tus manos
y me arroparán tus labios

Sí y habré entendido que morir así
me duele menos que morir sin ti
y olvidaré que cuando te perdí lloré, lloré, lloré
Sí habré entendido que morir así
me duele menos cuando estás aquí
y olvidaré que cuando te perdí... lloré...


lloré bajo un sol de madrugadas añorándote... lloré...
lloré dame tiempo, dame ganas abrazándome...

Viernes XXXIV.

El dónde estás y el cómo estás me siguen cada día. Todos los días,el si volveré a saber algo de ti. En si me explicarás. En si entenderé. En los años que tendremos. En si entonces querré saber algo yo de ti. No logro entender, no lo consigo. Razono. Vuelvo a razonar y no lo consigo.

Y razono. Y vuelvo hacia atrás. Retrocedo e intento recuperar alguna pieza clave del rompezabezas.
Y no encuentro respuestas. No las tengo. Y todo vuelve a empezar, mi bucle. Mi círculo.

viernes, 22 de febrero de 2008

Viernes XXXIV.

Vuelvo a ti. Una noche más contigo y mi soledad. El otro día pude escribirte como siempre, en el mismo lugar, me sentía fuerte. Hoy vuelve a ser así. Me siento solo y siento que no necesito nada. La semilla germina, encuentra por sí sola sustento en todo lo que se ha acumulado dentro de mí. Todo un vergel. Me siento fuerte y siento que puedo conseguirlo todo por mí mismo. Al margen de todo. Justificando los medios. Creando mis propias normas, reafirmando mis pensamientos.

Lo malo de eso es que llegas a estar convencido de ti mismo hasta un punto que luego cualquier cosa que se oponga a lo tuyo, es rechazado de manera automática. Las bases son tan sólidas que se estrellan irremediablemente.
Hoy me siento fuerte a mi manera, siendo el otro. Y es agradable el sentirse de vez en cuando así.
He vuelto a ver esa luna. Hoy se me ha aparecido, de manera inesperada. Salí a la terraza a echarme un cigarrillo, como siempre ultimamente miré hacia abajo. Luego alcé la mirada y allí estaba ella, sin estrellas que la acompañasen. Color sepia, si alargabas el brazo parecía que podías tocarla, y si te fijabas mucho podías ver sus manchas. Eché de menos la cámara para poder enseñártela.
Hoy me siento bien a mi manera. A mi extraña manera.

jueves, 21 de febrero de 2008

Jueves XXXIV.

Son las tantas de la noche. Tengo tantas y tan pocas cosas que contarte en estos momentos que debo reconocer que hoy me ha costado el venir aquí. Cada noche ultimamente cierro los ojos y llamo a la desgracia otra vez, a alguien que me escuche. Sé que acabará sucediendo. Hace mucho mucho tiempo pensaba en que para conseguir algo sólo tenías que pensar en ello muy fuerte y eso es lo que hago durante estos últimos días.

Podría contarte hoy de mi mundano día y de triviales cosas diarias pero sinceramente no me apetece nada. Y de lo que me apetece contarte creo que no es el momento apropiado.
Ahora me encuentro cansado, mucho. El sueño y yo hemos esperado un poco más de lo normal para que cuando vengan los fantasmas ya me encuentren dormido. Mientras, cerraré los ojos y pensaré fuerte en lo que desea parte de mi corazón. Con la fuerza que da la esperanza en el creer.

martes, 19 de febrero de 2008

Martes XXXIII.

Ayer ya sabes. Estaba enfadado y volví a escribirte al correo. No sabes dónde está este sitio pero ayer tuve la necesidad de volver a los viejos tiempos. Me encontraba fuerte, posiblemente por la rabia que sentía, pero al acceder me sentía como si me estuviese adentrando entre un zarzal. Te sigo echando de menos y lo único que diferencia un día del otro es la manera en la que lo hago.

Parece ser que pronto he de empezar a trabajar, las distintas fuentes ofrecen informaciones contradictorias pero y yo simplemente espero a que hayan papeles de por medio. Como ya te dije serán días de ausencia. Vuelvo a sentir un poco de tristeza ahora. Simplemente viene y se sienta a mi lado. Y me hace compañía. Acabo de cenar y mientras comía judías sentí lo vacío y grande del piso. Nunca me había parecido tan grande.
Hace unos días mi tío me pidió que le descargase unas cosas de aquí y me llevé su pen drive. Bueno, el que en su día le regalé. Y cuando lo abrí, comprobé que tu carta del 12 de octubre seguí allí, no la borré en su día. Fue como si me bebiese agua hirviendo. Tu carta, leída por ojos ajenos. Nuestra intimidad ya no lo fue tanto por una torpeza mía. No me atreví a leer lo que te contaba ese día porque eso haría subir la temperatura de esa agua en mis venas. Quizá vergüenza, quizá el mostrar sentimientos detrás de esta coraza me haga pensar en que soy débil. Y con todo esto he comprendido lo débil que puedo llegar a ser, pero desde siempre he aprendido a no transmitir eso al exterior. Y él me ha leído. Nos ha leído.
Eso ya no puedo arreglarlo.
Estoy perdido, me encuentro perdido. Mi norte eras tú. Todo lo eras tú. Y ahora estoy ciego. Oscuro.

domingo, 17 de febrero de 2008

Domingo XXXIII

Mañana lunes. Se vuelve a mover el mundo del resto de los mortales y mañana me toca revisión con mi querida doctora. La verdad es que nunca me he llevado demasiado bien con ellos pero con esta señora es diferente. No diría que le tengo afecto pero sí me cae bien. Luego he de resolver papeleos, un montón. Volveré a la hora de comer más o menos, y volveré a meterme en mi cueva. Hoy me he vuelto a saturar, leo un montón de documentos de contenido genérico y con lo único que me quedo es con su nombre, la fecha y algún aspecto puntual.
Hoy he tenido una pequeña esperanza que se ha ido difuminando a lo largo de la tarde. Luego fregué platos y me sorprendí silbando una canción, la misma que le ponía a la anciana. A ella también le gustaba, aunque claro, bien le podía haber puesto a Metallica, que también le encantaría.
Me di cuenta de que me estoy acostumbrando a estar con la que te sustituye dentro de mí. Quizá fuese porque la última parte de la canción es lo que se preguntaba mi subconsciente en ese momento. Pero claro está, no obtendría respuesta. Nunca la hay.
Mañana madrugo amor mío. Buenas noches.

sábado, 16 de febrero de 2008

Sábado XXXIII

Sábado noche. Me he pasado todo el día en casa estudiando. Bueno, a mi ritmo, ya sabes. Hoy he leído algo bonito entre todos esos papeles. Es la primera parte de algo llamado Declaración de Estocolmo sobre Medio Humano. Es una especie de declaración sobre cómo nos deberíamos relacionar con lo que nos rodea. La primera parte contiene cosas realmente bonitas y durante el tiempo que me transportaron, no sé si decirte que sentí algo parecido a felicidad. Me hicieron pensar en cosas que me enseñaron hace mucho tiempo en el colegio, valores etéreos, abstractos. Cuando estás viviendo en un mundo que te muestra lo contrario parece que ha sido redactado por marcianos que nunca hayan pisado la tierra.
Pero al menos, por unos momentos hoy he olvidado un poco todo. Una sensación parecida a cuando te emocionas con el comportamiento deportivo de los participantes en algún tipo de competición. Sé que es muy raro. En las Olimpiadas, a veces. Me encantan los Juegos Olímpicos por eso, por lo que transmiten más allá del deporte. Personalmente algunas cosas para los que todavía son niños puedan aprender algo bueno. Haría que el ganador del maratón se quedase en línea de meta hasta que llegase el último, aunque pasasen horas. Y cuando llegase, que lo felicitase sinceramente por el esfuerzo que ha hecho. Eso lo haría mucho más grande, ganaría algo que un pedazo de metal colgado al cuello no puede darle y supongo que el último, el que se supone que no tiene derecho a nada, se sentiría como si fuese él el que se llevase la medalla de oro. Pero las Olimpiadas sólo suceden cada 4 años, cariño.
Hoy enciendes la tele y ya sin meternos en la actualidad diaria, ves que uno escupe al árbitro por un fuera de juego, otro que ha sido descalificado por dopaje o algún pobre diablo que la emprende a pedradas contra algún autobús. Eso es una parte de lo que nos ha enseñado el mundo.
Pero lo cierto es que cuando lees cosas como las de hoy pienso en ese mundo que te dije en el que sólo existimos tú y yo. Que llegas o que simplemente coges mi mano. Una noche soñé que llegabas de madrugada, me despertaba, descolgaba y te veía abajo en el portal. Creo que fue el sueño más bonito que he tenido. Ojala suceda esta noche algo parecido. Ojala.

Y si no es así, como dice esa misma canción, ojala pase algo que te borre de pronto. No sé si un disparo de nieve. Mientras no suceda lo imposible, seguiré escribiéndote, esperándote. Como la loca de la canción, la del muelle de San Blas.
Buenas noches amor mío.

viernes, 15 de febrero de 2008

Viernes XXXIII.

Otro día está terminando y nada lo hace especialmente diferente a los anteriores. Lo único que ha hecho especial a este día ha sido el pago de un recibo en el banco. Para que te hagas una idea. Tampoco he estudiado demasiado hoy. Las horas no rinden como debieran. Pero intento hacerlo lo mejor posible, en serio. Me sigue resultando difícil muchas veces el concentrarme. Tengo un montón de libros que me gustaría atender antes de enfrentarme a un montón de papeles técnicos.
Aun no te he contado. Lo del trabajo. Lo he conseguido, ahora sólo falta que arreglen el tema de los papeles. La pesada maquinaria burócrata. Se supone que debería estar contento. Se supone, hoy he intentado exteriorizar alegría pero me ha salido francamente mal. Entre que nunca he sido demasiado expresivo y que lo que aparentaba no era sincero, la situación pareció, digamos que bastante fingida.
Por lo que me han comentado, hasta principios de marzo no empezaría pero nada es seguro. Cuando empiece a trabajar allí. . . no podré escribirte a diario, no tendré internet. Y lo siento amor mío, pero los tiempos de arreglármelas para encontrar un locutorio, dadas las circunstancias. . . han pasado. Ello no quiere decir que no siga estando contigo a diario, o que tú sigas estando conmigo. Recuerdo mi promesa pero estoy demasiado castigado. Me marcharé los lunes y regresaré los viernes. Entonces te contaré. Trabajaré por las mañanas y las tardes intentaré estudiar todo lo posible.El sentimiento de hoy, de ahora, es tristeza. Mañana te traeré uno nuevo. Buenas noches amor mío.

jueves, 14 de febrero de 2008

Jueves XXXIII.

Ayer fue el día especial del mes que me recuerda los meses que han transcurrido. Y hoy es el día especial del año. Nunca he tenido ni sentido días especiales. Ni siquiera el día de mi cumpleaños. Supongo que cuando era un niño sí lo era, pero no soy capaz de recordar cuando era niño y algunas veces si realmente lo he sido.
Lo especial que tiene este día para es que era un día especial para ti, y sólo por eso, se convertía en algo especial para mí. Ahora me pregunto si hoy tú te acordarás del mismo día hace un año.
Hoy, ahora pienso en todo esto. En toda la basura que contiene este mundo. Hoy pienso que si realmente has desaparecido sin ni tan siquiera decirme una palabra, por el motivo que sea, pese a todo lo que te quiero, pese a una inmensidad que no sé si has llegado a ver bien, me resultaría ciertamente complicado el poder perdonar. No quiero pensar en eso y por eso te sigo adorando como la que eras, la que corre dentro de mí. Y no permito que ningún otro pensamiento mío ensucie eso. Que nada nos toque. En mi ceguera me aferro a justificaciones imposibles a razonamientos rocambolescos.
Hoy siento ira contenida. Necesitaría ir al Himalaya, trepar a la montaña más alta y sin nadie a docenas de kilómetros a la redonda y gritar, y expulsarlo todo fuera. Energía en forma de huracán.
Hoy es el típico día que la amargura cotidiana da paso a una especie de ira que encadenado. Esta noche no temo a los fantasmas porque estaré negociando con los demonios el precio de mi alma. Dios parece no escucharme, quizá ellos sí puedan. Espero el día en que tenga una oportunidad. Quizá tú ya no me importes y esté con una persona a la que quiera, aunque sea de otra manera.
Pero se me deben cosas y algún días las cobraré. En esta o en otra vida. ¿Cuánto vale una vida cariño?. ¿Cómo poner precio?. Eso es algo que discutiré esta noche.
Perdóname por decir estas cosas. Cuando llega un día de estos, sé de antemano cómo me voy a encontrar.
Si es posible. . . feliz día de San Valentín amor mío.

Miércoles XXXII.

Son las doce y media y me voy a dormir ya. Hoy te escribo el fragmento de una de esas canciones del tipo aquel que te decía. Me ha hecho compañía, su música y sus letras me han dado mucha fuerza a lo largo de los últimos meses. Podría ponerte unas cuantas pero hoy una que escribió pensando en una ciudad, o parte de ella destruida. Y yo he hecho parte de esta canción mía, porque en el fondo siento como si una bomba nuclear de 300 kilotones hubiese arrasado la ciudad interior que había construido para los dos, entre mis pulmones, corazón y demás órganos, vísceras que hay dentro de mi cuerpo.
De esa ciudad ahora sólo quedan ruinas y mires en la dirección que mires, sólo ves caos y escombros. Y sinceramente cariño, no tengo ni idea de por dónde empezar.
Estoy simplemente sentado en un bloque de hormigón aun en pie, pensando, contemplando todo este desastre.

Now there's tears on the pillow
darling where we slept
and you took my heart when you left
without your sweet kiss
my soul is lost, my friend
Now tell me how do I begin again?
My city's in ruins
Now with these hands
I pray Lord
with these hands
for the strength Lord
with these hands
for the faith Lord.

martes, 12 de febrero de 2008

Martes XXXII.

¿Qué puedo decirte hoy?. A veces pienso que te he escrito verdaderos mares, oceános de palabras. Y entre esas aguas me he quedado navegando. Apenas hago uso del móvil ya, ni siquiera llego al mínimo este mes y no tengo la más mínima gana de llamar a alguien aunque sólo sea para gastar lo que voy a pagar y no disfrutar. Mucha gente ya me ha ido dejando por imposible y lo peor de todo es que no me importa demasiado. Soy egoísta conmigo mismo, lo sé. Pero en una mezcla de no quiero y no puedo, seguiré así.
Suena ultimamente con aviso de recepción de mensaje y mi primer pensamiento es el “deja que suene”, pero como siempre segundos después, inevitablemente llega un “¿y si......?”. Entonces despierta todo mi ser, una luz lo inunda todo y me levanto. Con los, ya no cinco, sino 8 sentidos estoy alerta al remitente, al contenido. Y cuando descubro la realidad me enfrento a la publicidad de vodafone recordándome a modo de estupendos móviles y ofertas que dentro de poco se cumple el plazo del contrato que firmé con ellos en su día.
También el móvil cariño, me trae tantos recuerdos. Lo había comprado en Madrid y poco después a ti te robaron el tuyo, el nuevo. Y todo vuelve a empezar con ese recuerdo, como te dije, es todo un círculo. Me estoy distanciando cada vez más de los amigos de siempre, poco a poco, las distancias van siendo mayores. Se me ha pasado hace poco por la cabeza el desaparecer. A medio plazo porque sé que seguiré estando en el mismo punto que ahora, en el mismo punto que hace 8 meses,y sigo igual. Me gustaría desaparecer, irme a un país lejano, dejar todo lo que tengo aquí y regresar cuando esté preparado o sea de otra manera.
Mañana se cumplen 8 meses. Dentro de dos días es el día de los enamorados, el único día que significaba algo para ti. Después vendrá Semana Santa y más tarde, no me hace falta demasiado esfuerzo para imaginar el momento, el día en que todo empezó. Y cada día será una efeméride de lo que pasó el año anterior. Ese verano. Ese infernal verano. Dios mío, te he confesado sólo una pequeña parte de los lugares que ha recorrido mi mente. Los recuerdo y tengo miedo cariño. Porque no quiero volver a ellos. Siento que he estado en el infierno de verdad, y que he regresado. Siento que he estado muerto. A veces siento que estoy muerto de verdad. Que tecleo en este teclado pero que realmente no estoy aquí.
Me he acostumbrado a caminar hablándote en mis pensamientos. Y me he dado cuenta luego de que ya no estabas, y venirme abajo y entrar en un bar lo más rápido posible, pedir un café en la barra y meterme directamente en el servicio a hacer lo que no puedo en la calle. Llorar.
Y otros días pienso que definitivamente he perdido la chaveta. Queya estoy tan loco que me siento el más cuerdo de todo el mundo que me rodea.
Muchas noches me he dormido sin poder más. Simplemente sintiendo que no podía más. Que disfrutase del tiempo que me quedaba mientras no se cerraban los párpados. Y cada mañana, ese órgano tan terco, abnegado en seguir impulsando sangre ya muerta.
No puedes leerme y en días como hoy me alegro. La que guardo dentro de mí, lo menos que le gustaría sería el verme así.
Buenas noches amor mío.

Lunes XXXII.

Todavía llego ahora a casa. Muy tarde ya y parece que haya pasado mucho más de un día desde ayer. Todo ha ido bien, tal como te conté ayer en el trayecto de ida con la salvedad de que un convoy de transportes especiales colapsó el tráfico y por un momento pensé que no llegaba a tiempo. Allí esperé casi una hora más de lo previsto en relación a la que había sido citado. La misma empresa que la que trabajaba el año pasado sólo que en otra Delegación, el mismo logo en las paredes, en los documentos. Esperaba sentado en una silla y me transporté a comienzos del verano en aquella otra oficina tan lejana ahora. En el espacio pero no el tiempo porque cerraba los ojos y veía, como si pudiendo tocarlos con la punta de mis dedos, a todas las personas que estaban entonces en aquella oficina. El calor por las tardes, aire caliente entrando en mi pecho. Su forma de reir, sus caras, momentos diferentes, docenas de anécdotas, todo tan real, tan cercano que me sorprendía. Pequeños fragmentos de películas cortas en las que los veía a ellos y en las que me veía a mí con ellos, lo que decía, de lo que hablábamos. He desarrollado una capacidad de teletransporte en el tiempo, sólo tengo que cerrar los ojos para que mi cuerpo vaya al lugar en el que mi mente se ha quedado. Y cuando alguien pronuncia mi nombre, abro los ojos y siento que vuelve a la realidad sólo una parte de mi ser. Pronuncian mi nombre y una señorita me dice que me están esperando en la sala de arriba. Sonrío y pienso que soy yo el que los lleva esperando más de una hora. Nos presentamos formalmente y ni siquiera nadie tuvo la delicadeza, aunque no fuera de manera sincera me daba igual, de disculparse por la espera. Eran tres personas, de dos de ellas tardé como dos minutos en darme cuenta quizá no de quién eran, pero sí el papel que jugaban en la empresa. Con el tercero no lo tuve tan fácil.
La entrevista se desarrolló bien, más o menos como preveía. Como te decía, a mí las entrevistas de trabajo siempre me salen bien, o al menos, siempre salgo contento de ellas. Ahora sólo queda esperar y que comparen con el resto de candidatos. Candidatas en este caso, todas eran chicas.
Vengo tan tarde porque he ido a cenar a casa de mis tíos. Tenían un invitado, amigo común, y hacía mucho tiempo que no lo veía y como sé que pasará bastante antes de que lo vuelva a ver, me animé y aunque sólo fuese por charlar un poco, mereció la pena. Te lo enseñé alguna vez en fotografías, pero dudo que te acuerdes. Su vida sigue más o menos como siempre, es una persona hiperactiva, de esas que tienen que tener más actividades al margen del trabajo de las que pueden atender. Y al final acaba agotado hasta el punto de que le cuesta horrores levantarse de la cama para ir a trabajar. Qué diferentes somos todos unos de otros y qué diferente es nuestra vida y lo que esperamos de ella.
Una prima se casa este verano en tu ciudad y parte de la familia está haciendo planes para asistir. Parte del clan, una especie de desembarco en Normandía. En otras circunstancias hasta soltaría algo ingenioso al respecto. Ahora estoy cansado otra vez, la única diferencia es que hoy siento en mayor medida el aspecto físico. Eso hará que los fantasmas me pillen dormido esta noche.
Ya es muy tarde, estarás dormida en algún lado. Me gustaría cerrar los ojos y poder teletransportarme de la misma manera, poder tocar o al menos rozar tu pelo, sin que te des cuenta. Mirarte toda la noche y desaparecer segundos antes de que despiertes.

Te he vuelto a echar de menos hoy.
Buenas noches amor mío.

lunes, 11 de febrero de 2008

Domingo XXXII.

Otro día que se termina y mañana llegará otro nuevo. Éste es especial, he de salir de nuevo al mundo, ya hacía tiempo que no lo hacía de esa manera. Va a ser medio día pero siento como si partiese varios días a un destino lejano, como si dejo nuestra casa, como empezando a pensar que pertenezco a este piso, a estas paredes.
Mañana he de hacer la entrevista, no creo que dure más de dos horas, ni si habrán pruebas psicotécnicas, reuniones en grupo o cosas por el estilo.
Ya ahora sé que mañana durante el viaje estaré pensando en el mundo que había creado por si tú venías. Dónde viviríamos allí, el volvernos a casa los viernes y cada fin de semana hacer una cosa diferente. Hay tantos sitios a los que me gustaría llevarte, tantos sitios por compartir. Había pensado en empezar por el mar, pequeños pueblos repartidos a lo largo de toda la costa. Luego viajes al interior, de lo abierto a lo profundo para que notases el contraste de todo esto. Me hubiese gustado que sintieses el mismo sentimiento de pertenencia a esta tierra, que echásemos raíces definitivamente aquí. La tierra prometida, aquí lo tendríamos todo. Quizá viniesen cosas malas pero mí con estar contigo y sentir que tú lo estás conmigo, esa sensación es la mejor bendición que le pueden dar a un guerrero antes de empezar la batalla.
Mañana haré kilómetros contigo en mi pensamiento, contigo al bajar del coche y contigo en la entrevista. Puede que me quede a comer, llamaré a algún amigo, no lo sé. Mi estado de ánimo siempre es impredecible, y luego nos volveremos a casa. Recordaremos el día riéndonos de pequeñas anécdotas, tú dirás algo y yo responderé con algo que no esperabas, supuestamente ingenioso. Y te reirás. Y eso me hará reir a mi después y te diré que no me hagas cosquillas mientras conduzco. Es peligroso.
Dulces sueños amor mío. Allá donde estés.

domingo, 10 de febrero de 2008

Sábado XXXII.

Hoy he vuelto a escribirte a mano, por la tarde. Me acordé de pequeños detalles y nuevamente volví a sentir que me he quedado anclado en el pasado. No sé si te acuerdas que te dije que había plantado unos bulbos. Nacieron todos, tréboles de cuatro hojas en una maceta con una de esas plantas de interior. Todo iba bien hasta que apareció mi santa madre en casa y en cuanto me despisté me los trae en una mano para enseñarme los hierbajos que habían nacido junto a la planta.
Me quedé mirándola sin saber qué decir, explicarle que no eran unos hierbajos y que los había plantado ahí con una intención. Los he vuelto a poner en su sitio pero no estoy seguro de que acaben de volver a arraigar. Son pequeñas intromisiones en mi mundo, en el nuestro cariño.
Mi tía es otro frente abierto. Como en su casa ya no sitio donde poner nada más, está haciendo planes para decorar la nuestra. La decoración desde luego no es mi fuerte y siempre quise que convirtieras este frío piso en un hogar. No sé si los planes que tiene ella te acabarían gustando o no, siempre quedaría la opción de cambiar nosotros los muebles de sitio. De prescindir las preciosas moquetas, aparadores y otros muebles con nombre de origen francés que ni siquiera soy capaz de recordar. Ni siquiera sé para que los necesito si materialmente estoy cómodo con lo poco que tengo.
Hoy he vuelto a escribirte a mano y he vuelto a recordar los primeros tiempos.

sábado, 9 de febrero de 2008

Viernes XXXII.

Vuelve a ser muy tarde ya.
Por la tarde he vuelto a tener la misma sensación que ayer y por la tarde he vuelto a mirar por la ventana. Desde aquí puedo ver a un montón de vecinos de edificios cercanos, puedo meterme en su vida e imaginar el resto que no alcanzo a ver detrás de la ventana. Justo enfrente a unos cien metros y en un primer piso hay un niño que estudia todas las tardes, se ve su mesa y la luz de lo que tiene que ser un flexo. Se pone a mirar por la ventana, como yo pero sentado y mordisquea el lápiz o el bolígrafo con el escribe a veces. Supongo que serán las tareas del cole. Su madre A veces viene una mujer que tiene que ser su madre aparece a veces, detrás de su silla, muestra interés en lo que hace y luego se va revolviéndole el pelo.
Veo escenas como esa o la vida de otras familias, termino el cigarrillo y vuelvo adentro. Con mis apuntes, a mi pequeña cueva. Y allí estudio, y siento, y vuelvo de vez en cuando a ti. Al menos no enfermizamente o autodestructivamente como antes. Al menos avanzo día a día, en la medida de mis posibilidades. Y me pregunto muchas veces el cómo estarás.
Hoy me he acordado del día especial de la semana que viene y recuerdo el del pasado año. Al revés de lo que me había sucedido antes, tú nunca tuviste días especiales, ni de aniversarios raros que nunca comprendí en otras personas. Cosas como el día que fuimos a tal sitio, o la primera vez que esto o lo otro. Para ti esas efemérides nunca exisitieron. Ni siquiera el día de mi cumpleaños y lo recuero ahora y no puedo menos que sonreir. Por lo distinto que ha sido todo siempre.
Sólo había un día especial para ti. Y pronto llegará. Y ese día. . ... volverán los fantasmas a buscarme.

viernes, 8 de febrero de 2008

Viernes XXXII.

Amor mío,

Como tantas veces, el tiempo sigue pasando a mi lado, permanezco estático mientras el mundo sigue girando. Mis pies permanecen fijos, anclados al suelo y el mundo me roza con sus pequeños proyectiles. Algunos los esquivo, otros apuntan al vientre y no hay finta posible.
El lunes es el día del psicólogo. Había soñado con eso también. Otro cromo más para mi colección de sueños rotos. Que nos íbamos a vivir allí, que encontrábamos algo de lunes a jueves y que el viernes nos veníamos aquí, a casa. A nuestra casa. Me esforcé tanto porque la consideraras nuestra que creo que no lo he conseguido. Te he escrito porque lo necesitaba pero ahora pienso que con muchas de mis letras se iban también mis energías. En lo más profundo de mí aún conservo un hilo de luz, una esperanza, de que aparezcas de la misma forma que desapareciste. Lo siento, pero guardo eso siempre, cada día, de la misma manera que te guardo a ti. Lo único que lo hace diferente es el lugar específico en el que os guardo a cada uno de los dos. Guardo tantas cosas que ni te puedes imaginar, tan ordenadamente como de costumbre, cada una en su cajoncito.
En lo más hondo de mí, te sigo esperando, una señal, por pequeña que sea. Y que te agarres a mi brazo, sólo eso. Ya no habría forma de separarte de mí a no ser cortando mi brazo, y aun sin él, te agarraría con el otro. Y aun me quedaria la boca para arrancar la garganta del que levante el brazo que nos amenace. No creo que veas hasta qué punto soy tuyo. Mi brazo derecho no me sirve de nada sin ti. Vivo sin llegar a morir y muero sin estar viviendo. La vida pasa por mí sin mi, peor que estando a medias.
¿Dónde estás amor mío?.
¿Y dónde estás Tú, Dios mío?. He hecho cosas malas en mi vida y de algunas aun hoy no me arrepiento. Pero también he hecho muchas otras buenas, muchas más. Y no he pedido ni nunca esperé nada a cambio. ¿Justicia divina?. Quiero creer que sí, Padre. Que algún día acabarás escuchando mis súplicas. La justicia de los hombres .. . . .. nadie mejor que Tú sabe de lo que son capaces. He visto toda la suciedad, la cara oscura del mundo. Tú habrás visto mucho más y Te pido perdón por lo que nos hemos convertido. Te pido justicia, Dios, que me ayudes, sabes que nunca te he necesitado tanto. Por favor, no dejes que siga creciendo lo que está germinando dentro de mí. Te doy gracias por haberme dado la vida y no quiero acabarla presentándome ante ti con vergüenza por lo que haya podido hacer en este mundo.

jueves, 7 de febrero de 2008

Jueves XXXII.

He estado mirando hasta ahora por la ventana. Me he fijado pero no he encontrado la luna, supuestamente pronto estará llena, pero no la he encontrado. Pero esta tarde a ti sí, mientras estudiaba volví a sentir algo dentro de mí. Siempre lo he atribuído a diferentes causas según mi forma de sentir, a que te encontrabas mal, a que me echabas de menos, a que pensabas en mí. . . Hoy he vuelto a sentir que estabas pensando en mí, como sentía antes, y hoy te encontré de nuevo dentro de mí.
Pienso que no es otro cactus lo de esta tarde, que en realidad ha sido así pero son tantas y tantas las jornadas en el desierto que uno a veces piensa que simplemente se está volviendo loco. Y otras veces que no tanto como la gente que va por la calle. Quizás uno se pone a reir y a hablar solo mientras cruza el paso de cebra, otro que para el coche y se baja para ponerse a discutir con el que tiene detrás, las señoras que se despedazan en la plaza por ver quién tenía el turno primero.
Todos en el fondo estamos un poco locos, pero lo creas o no, ahora mismo prefiero mi locura a la de mucha de esa gente. Los miro, me callo, y sigo circulando como si estuviese en medio de una película. Y llego a casa, y ya estoy contigo otra vez. En mi pequeño mundo, en nuestro pequeño mundo. Aquí te he traído amor mío. Aquí te seguiré adorando.
Hoy vi a otro charly, movía la colita mientras lo llamaba su dueña para entrar en casa. Parece mentira pero cada vez me gusta más ese chucho, recuerdo la primera vez que hablaste de él, de cómo le llamarías. Parece como si hubiese pasado otra guerra mundial desde entonces.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Miércoles XXXI.

¿Cómo estás?. Me pregunto cada día. Si pensarás en mí, en dónde estarás. No has estado muchas veces y he estado perdido otras tantas, pero nunca tanto como ahora. Busco dentro de mí y no encuentro tu respuesta, quizá las veces anteriores hayan sido fruto de mis alucinaciones, de tantos meses escribiéndote o hablándote solo. Por eso me pregunto si pensarás en mí.
Yo guardo mil recuerdos tuyos que me impiden hacer otra cosa, soy su esclavo, en esta jaula invisible de barrotes de titanio. Y sigo viviendo la parte de vida que me resta. Hoy veo más claro que nunca que en ella ha habido un antes y un después de ti. Quizá te haya idealizado de la única forma que la ausencia provoca. Puede que te hayas convertido para mí en una especie de ser imposible, una versión mejorada, inmaculada. Quizá la mente juegue malas pasadas, lo malo sucede cuando afecta al corazón. Ese órgano único, tan complemente diferente a la mente o resto del cuerpo. Y eso es lo que le pasa al mío con la gravedad de que nunca antes había sufrido de esta manera ni con esta intensidad.
Estoy empezando a recobrar un poco la consciencia de lo que tengo entre manos, de que debo ponerme las pilas de verdad para seguir adelante con los estudios. Es como si durante los últimos tiempos hubiese estado cayendo desde una altura muy grande, pasando días en el aire mientras no llegase el impacto sabiendo que la fuerza de la gravedad manda y finalmente impactas. Quizá esté en el período de rehabilitación y voy mejorando.
Tengo que currarme los temas yo solo. Recurro a internet, imprimo, luego selecciono mejor, completo con información adicional. Y pasa el tiempo y veo que apenas he recorrido un trocito del tema. Hoy he aprovechado mi día. Por primera vez desde . . . . ni siquiera recuerdo cuándo, he podido tener un poco de concentración, la suficiente para ponerme un poco duro a ello. Mañana espero que sea mejor todavía. Cada día es diferente, una caja de sorpresas que no puedes predecir. No puedes saber nada en absoluto, el cómo estarás y si serás capaz de controlar tus pensamientos.
La más mínima tontería puede que eche a perder una buena parte del día. No sé, unos tomates en la nevera me hacen recordar otros metidos en una bolsa de plástico y un “tíralos nene”, un DVD que ves anunciado como promoción en el quiosco y un “tú y tus cosas de la guerra”, ver un libro especial en la estantería, una canción, cualquier cosa, cariño.
Cuando me estaba cayendo desde esa gran altura, mi mente buscaba desesperadamente un lugar en el que esconderme, al que poder huir, pero no lo encontraba porque el problema estaba dentro de mi cabeza. ¿Cómo huir de la propia sombra?.

martes, 5 de febrero de 2008

Lunes XXXI.

Otro día ha pasado. Para variar, me encuentro cansado, me iré a dormir dentro de poco. Volví a recordarte hoy. Como siempre por la mañana al desayunar, mirando por la ventana de la cocina, a aquel horizonte lejano. Me asomé y me di cuenta de que todo eso seguiría estando allí dentro de muchos años, cuando ni tú ni yo estemos ya aquí. Me pregunté si entonces habría también alguien mirándolo de la misma forma.
Quiero sacarte fotos de esas lunas que te contaba. Sigo teniendo la misma cámara, hecha polvo pero sigue tirando. Intentaré conseguir alguna foto buena y ponértela aquí para que juzgues si exageraba o no cuando te la describía. Cada noche, una luna diferente, para mí solo. Las compartiré contigo.
Mis ojos seguirán contándote lo que ven, seguirán siendo los tuyos.
De la mundanidad que me rodea como siempre, o como desde siempre desde hace ya bastante tiempo, me apetece poco contarte. Todo se reduce a sueños rotos, ilusiones vacías y me hace volver una y otra vez sobre lo mismo. Soy como una peonza lanzada sobre una mesa, da vueltas hasta que no puede más. Luego sucede algo que la hace girar de nuevo. Otras veces cae de la mesa al suelo, unas cuantas vueltas más. . . . y siento que me he metido en un recinto estanco, sin apenas espacio y ventilación, y pasa poco tiempo hasta que el aire se empieza a viciar, y cada vez hay menos luz y entonces me empiezo a sentir asfixiado.
Creo que pronto empezaré a currar de nuevo cariño, es el trabajo que te conté y no puedo decirles que no. Es más o menos bueno y con buena calidad de vida. Supongo que en eso debería sentirme afortunado pero como te dije una vez, a veces suceden cosas que hacen que cambie radicalmente tu escala de valores.
No sé exactamente cuándo sucederá pero está al caer. Me van a llamar de la empresa para que pase la prueba del psicólogo y lo demás ya está todo hecho.
La prueba del psicólogo!. Ya me la imagino. Intentaré hacer una buena representación, me he acostumbrado tanto a aparentar que todo está bien para no preocupar a los demás que logro conseguirlo. Al menos si no es un tiempo demasiado prolongado.
Dormiré 3 ó 4 días a la semana fuera de casa y luego volveré a casa. No podré escribirte esos días y no estoy con fuerzas como para buscar un locutorio o una cybercabina a diario. Ahora no, muchas veces he sentido que el depósito de combustible estaba vacío pero nunca tanto como hasta ahora. Necesito algo, por pequeño que sea, pero algo.
Me imagino que los peores días volveré a escribirte de mi puño y letra, no podré evitar el no decirte nada. Volveré una vez más a ti. Una vez más.
He descubierto que siempre hay una vez más.

lunes, 4 de febrero de 2008

Domingo XXXI.

Vuelvo a escribirte un poco tarde hoy. Es muy tarde ya, en realidad.
Al acabar me iré a la cama. H estado estudiando hasta ahora, hasta que siento que los ojos se me cierran. Ultimamente vuelven los fantasmas si me voy demasiado temprano. Me acuesto y doy vueltas. Sigo escuchando los programas deportivos de la radio antes de dormirme, pero el problema es que no consigo dormirme. Me giro a la izquierda, luego a la derecha, y no soy capaz de conciliar el sueño. Mis ojos están como platos en la oscuridad y mi corazón empieza a latir fuerte, empieza a sentir fuerte. Ellos ya están ahí, conmigo.
Prefiero estudiar hasta que mis ojos están cansados, sabiendo que el sueño será más fuerte que los fantasmas y que aunque ellos aparezcan, lo harán cuando esté dormido. La prueba la tendré la mañana siguiente a modo de un sábanas revueltas a mis pies. Y sentiré frío. Pero al menos habré podido dormir,
He ido a comer al pueblo. Domingo de carnaval, no lo tenía previsto pero necesitaba apuntes de la carrera que me hacían falta. Luego comprobé que presté demasiados apuntes al terminarla. Apuntes que ahora me vendrían de perlas.
Hice el camino en coche, sin mirar de nuevo tu asiento. Imaginando que íbamos juntos a comer al pueblo, en reunión familiar. Así hice el trayecto, escuchando música.
Paré en un estanco, el de toda la vida y luego hice el camino a casa, bajando por la calle de siempre. Notaba que los coches con los que me cruzaba me daban las luces y me decía qué les pasaba. Luego comprendí que la calle que bajaba a mi casa ahora no era de doble sentido, que iba en dirección contraria. Luego me di cuenta de que el ahora. . . . era hace mucho tiempo. Que hacía mucho tiempo que esa calle era de sentido único.
Y me di otra vez cuenta de que la noción del tiempo es algo relativo. Entré en casa y comprobé todo igual, la cama en la que tantas veces dormí cuando era pequeño, en un rincón vi tu peluche, tantos y tantos recuerdos. Todo es un bucle cariño, estoy dentro de un jodido bucle.
Ahora es muy tarde ya, tengo ganas de irme a la cama. Intento darle esquinazo a los fantasmas, sé que hoy será así y poco me importa tener la cama revuelta por la mañana. Hoy el sueño será mi aliado, habré vencido.

domingo, 3 de febrero de 2008

Sábado XXXI.

A veces pienso que estoy muerto.

Que ya hace mucho tiempo que lo estoy, pero que ha pasado tan rapidamente que ni siquiera me he enterado. Me desplazo, pero como si fuese otro personaje el que se mueve por la casa, como si el centro de control del cuerpo estuviese a miles de kilómetros del cuerpo.

Revuelvo entre mis recuerdos y mientras el mundo a mi alrededor sigue girando, cosas siguen sucediendo sin que apenas puedan traspasar esta coraza.

Mañana o mejor, hoy, es domingo de carnaval. Aún parece ayer cuando fueron Navidades, parece ayer el día de Reyes y ya toco con los dedos la Semana Santa.

El tiempo sigue pasando, como el paisaje que te contaba ayer, siento que el tiempo me atraviesa, que estoy estático e inmóvil, y que todo me traspasa, transversal, longitudinalmente y a veces orbita a mi alrededor.


Estoy en mi mundo, en mi pequeño universo. Contigo.

viernes, 1 de febrero de 2008

Viernes XXXI

Empiezo a escribirte hoy aquí. Me siento incapaz de hacerlo a tu cuenta y comprobar que simplemente no estás. Hace tanto tiempo que no estás, que me cuesta recordar cómo era todo antes. He aprendido a sobrevivir sin apenas nada de ti. Pero del apenas nada, a LA NADA a mí me supone un abismo. Estoy anclado en el pasado amor mío. Mi cuerpo vive en presente pero mi mente pertenece al pasado, y no veo más futuro que la inmediata mañana que sucede a la noche.

Esta nueva forma de ausencia, quizá la ausencia de un adiós, no supone otra cosa que una nueva forma de tormento. Me resulta demasiado complicado el asumir ciertas cosas que hayan podido haber sucedido. Ignoro si te has convertido en una persona diferente a la que conocí, de la que me enamoré.

Hago docenas de hipótesis y encuentro algunas que logran explicar determinadas cosas pero sé que son las que menos probabilidades tienen de ajustarse a la verdad. Es como buscar algo en el desierto cuando va a llegar la tormenta, y sólo encuentras un cactus en medio de un mar de arena. Y sabes que te tienes que agarrar a él con fuerza porque es lo único que deseperadamente encuentras. Y cuando está llegando, cierras los ojos, aprietas los dientes y .. . . esperas al último momento, cuando ya no te queda más remedio. Luego recuperas la consciencia, todo ha pasado, estás aturdido en el suelo. Y cuando las heridas ni siquiera están secas, miras al horizonte y sabes que es cuestión de horas hasta que otra tormenta de arena venga a por ti.

Y sólo ves el mismo cactus.

Durante todo este tiempo te he venido escribiendo a diario, como nunca antes había hecho. He escrito y pensado tanto que ya me resulta imposible el discernir qué te he contado o qué me he callado. He sorteado obstáculos visibles, eso son fáciles de saltar, son como los pequeños problemas cotidiandos que tiene la gente. Los invisibles son los peores, imprevisibles, traicioneros y con ellos me he caído docenas de veces, menos una vez hasta ahora siempre acababa levantándome. Con esta son dos las veces que la caída ha sido más fuerte de lo habitual.

Esta vez volví a los peores malos viejos tiempos. Esta vez me zambullí desde demasiada altura. Algunos días me miro al espejo y compruebo que ya han pasado muchos desde la última vez que me afeité. Te acercas y ves la cara de un desconocido. Y te acercas un poco más y notas algo raro, tienes que acercarte más para descubrir un pelo blanco en la barba. Y no te lo crees, piensas que es fruto de otra alucinación tuya diaria. Que el que ves, no eres tú.

Y con ese pensamiento enciendes la tele. Y te hipnotiza, no te deja pestañear y cuando te permite ir a la cocina, eres incapaz de recordar qué estaban echando, apenas un par de caras. U otros días te descubres pisando un paso de cebra sin ni siquiera mirar a los lados. Luego escuchas un frenazo y cuando estás cerca de la otra acera, giras la cabeza y oyes a un tipo gritando, como si en realidad estuviese a docientos metros de distancia. Y con la mirada le dices que lo hubiese hecho cuando tuvo ocasión. Y con la mirada le dices adiós, y que él, con su corbata y su cochazo en ese momento te parecen la cosa más ridícula e insignificante del mundo. Y cuando terminas de caminar, miras a tu alrededor y te preguntas qué estás haciendo allí y cómo has llegado. Si te dará tiempo a llegar a casa antes de que anochezca.

A veces me da miedo la cantidad de cosas que me dan igual.

Esos son los malos viejos tiempos. Lo único que es diferente ahora es que ya no estoy en una ciudad lejana, donde eres un extraño y poco importas al mundo que te rodea. Ahora estoy en casa y esta vez no encuentro en mi mente otro lugar al que pueda llamar casa, y refugiarme allí.

Llevo aislado meses y auqnue intento evitarlo, la gente a la que le importo, aunque a mí no me importe el que les importe, se preocupan por mí, cariño. Y les hago daño de esta manera. Y el daño que me cause a mí mismo, me es indifrente ya, hace ya mucho tiempo que he aprendido a vivir, a convivir con el dolor. Pero el que causo de manera involuntaria, es otra carga. Y esta pesa de verdad. Y yo no soy Atlas, amor mío. Y he tenido que coger un mínimo de fuerzas.


Han pasado varios días ya sin decirte nada. Y hoy empiezo a hacerlo, en una nueva etapa, quizá sea la última. Todo esto me parece ul guión escrito hace mucho tiempo, que todo el mundo conoce, menos yo. El primer borrador de la segunda versión del Show de Truman.

Tuve que salir de aquí, que NUNCA huir. Me he arrastrado escapando de aquel aire viciado y espeso que me envolvía. Era díficil el arrastarse tras día día contándote un “no puedo más”. Y me prometí hace mucho tiempo ya el que no pasase un solo día sin escribirte, pero acaba llegando el momento en el que realmente estás tan agotado, tan erosionado que ni siquiera consigo contarte que ha pasado un día más.

Hace más de una semana salí. Cogí el coche sin mirar tu asiento y nos pusimos a hacer kilómetros. Y era como un sueño, como si estuviese puesto un piloto automático. No atravesaba el paisaje, era él el que me atravesaba a mí, como si el coche permaneciese estático. De vez en cuando veía algo que me devolvían a otros momentos, y de vez en cuando el piloto me indicaba que estaba quedándome sin gasolina.

Y he vuelto, aunque no lo sepas. Queriéndote otra vez, aunque esta vez más en silencio que nunca.

Te seguiré escribieno, porque lo necesito y lo seguiré haciendo hasta que consiga arrancarte de mí pero ahora mismo sigues fluyendo por mis venas. Pienso que sólo tú eres capaz de matar a la que llevo dentro de mí. Quizá de ahí tu silencio. O quizá ya haya pasado mucho tiempo desde que me he convertido en un iluso.

Quizá.

Es la palabra que más odio del mundo.

Quizá algún día leas esto. Quizá pase mucho tiempo desde que yo lo haya escrito. Y no sé si tú seguirás estando dentro de mí, pero si algún día me lees ojala puedas ver en ese momento hasta qué punto te he querido. Sé que nadie podría querete igual y si estuviese seguro de ello, mi corazón roto y yo seríamos felices a nuestra manera. Y podríamos tener pazzzzzzzzz al fin. Conseguir ese perro y ese caballo e irnos a vivir al bosque, con la tranquilidad de que ibas a estar bien y dando a gracias a Dios porque hayas existido.


A veces pienso que no has comprendido hasta qué punto estaría dispuesto a darlo todo por ti.




Y por hoy, lo dejo ya. Compruebo que te empiezo a escrbir en pasado y no me gusta. Supongo que son los últimos coletazos de esta última etapa.

Me voy a la cama. Hoy no creo que vengan los fantasmas. Soñaré con alguna señal tuya y mientras espero, miraré de nuevo a ese cactus.