Empiezo a escribirte y como en docenas de ocasiones anteriores, con melancolía. Hoy vuelve la melancolía. Llegó por la tarde, sin avisar, sin llamar a la puerta y cuando me di cuenta, se había adueñado de mí. Encuentro ahora cientos de cosas que contarte, de la rapidez con la cambian las cosas. Antes estaba encerrado aquí y he salido de nuevo al exterior. Docenas de veces siento que no soy nada sin ti y tantas otras, siento que no puedo más. Que no tengo fuerzas amor mío.
Se me hace difícil el describirte cómo uno respira en estas ocasiones. Dan ganas de romperse una pierna, provocar un dolor más fuerte que se imponga a esto. Mañana he de irme, otra vez, este fin de semana ha sido más corto de lo habitual. Han venido B y M, he estado con ellos. No puedo decir que me hayan quitado tiempo para nosotros, pero he echado de menos un teclado y el escribirte. De cierto modo es mi único ungüento, aquí te siento un poco a mi lado. Mañana muy temprano vuelvo a marcharme, el trayecto será doble, el que marca la carretera y el que sigue mi mente. Volveré el viernes pero habrá novedades. He decidido alquilar una habitación de la casa, me ayudará a fin de mes. No sé qué pensarías y no fue algo planeado desde hace mucho tiempo. Puse un anuncio el jueves y mañana empieza alguien extraño a nosotros a vivir aquí. El viernes volveré cariño. Te escribo y siento como si te hablase, como si estuvieses aquí al lado. Otras veces pienso que estoy como una auténtica cabra.
Ya te he comentado, no puedo controlar mi pensamiento. Me hablan, escucho, converso, y luego vuelvo a escuchar, se repite la operación. Luego, en un momento empiezo a irme de la conversación, sin darme cuenta. Mi mente vuelve a ti, regresa a ti, a alguno de los millones de momentos de antes. Y cuando me doy cuenta mi sonrisa ya es forzada, mi cuerpo se encuentra en un lugar en el que no quiere estar y del que no sabe cómo salir.
Mañana empieza una nueva semana para mí y este domingo no sé de dónde sacar fuerzas para los momentos que vendrán. Aparecerá algo en el camino, encontraré algo a lo que agarrarme cuando lleguen las tempestades. Uno dice tempestades y piensa en rayos, truenos, y vientos huracanados. Pero no sé cómo describirte los destrozos que causa dentro de mí. También me canso de empezar a construir y al poco tiempo, ver cómo todo se vuelve abajo. Goliath es demasiado fuerte.
Esta semana ha tenido un día bueno en otro sentido, no voy a hablarte de ello porque pertenece a algo que te dije que no hablaría, pero ha tenido un día bueno। Mi vida social ha aumentado como te imaginarás, quiera o no quiera, era inevitable. Siento ganas de saciarme del mundo, de emborracharme hasta que me deje ciego. Pero sé que no servirá de nada, estás demasiado dentro.
Debo recoger toda la casa, tener a buen recaudo mis pequeños tesoros. Tus primeras cartas, escritas a mano. Cartas perdidas, llenas de confusión, de tormento, de desesperación. Las conservo porque te dije que lo haría y para que siempre me recuerden lo que pasó, es imposible olvidarlo. Ellas alimentarán mi odio cuando el paso del tiempo se atreva a sugerirme otra cosa, ellas me hacen fuerte en otro sentido, alimentan al que no has conocido y crece dentro de mí. Quizá las fuerzas que me falten, sea él, que me las está quitando. Esas cartas son valiosas, son poderosas. No puedo leerlas por el dolor que causan, pero sólo me hace falta ver ese sobre para que me cambie la cara. La persona que vivirá aquí es buena persona, sólo he hablado con ella 20 minutos pero ha resultado suficiente. Una persona como la mayoría, ajena a los submundos que hay debajo de la sociedad, la suciedad invisible. Me gustaría volver a ser una de ellas. Pienso en eso y la dureza vuelve a mí. Aplasta la melancolía como una cucaracha. Me voy ya amor mío, no quiero ser otro el que te escriba. Tuyo,