viernes, 29 de agosto de 2008

Vuelvo.

Vuelvo.
Sin haberme ido en realidad. La semana pasada ya sabrás lo que ocurrió. En esta no he soñado. Vengo saturado del mundo exterior, de todo lo que hay en él. Un mundo diferente al que he construído para los dos. Hoy es mi mejor de la semana. Siempre lo es. Es una historia que se repite semanalmente, el viaje en coche, los pensamientos. Todo.
Llego y visita de rigor a los tíos. Luego al fin. . . .. en casa. Nunca te cuento del mundanal mundo que me rodea. Esta semana he visto a una familia de chinos o asiáticos en un Mc Donald. Todos obesos menos la niña pequeña. El hijo pequeño era un clon del padre, como una pieza en miniatura. No debería tener más de ocho años. Una niña de trenzas parecía la oveja negra de la familia.
Alguien me ha contado como un viejo de 60 intentó "pasarse" con ella. Agobiada. Nerviosa.
He visto en la calle a una madre enfadada llamarle "asquerosa" a una niña que no debería tener ni 6. "¿Asquerosa?", asco es lo que me dio ella en ese momento. Luego me pregunté si dentro de otros 30 esa niña haría lo mismo con su hija. He oído como el presidente de la comunidad del piso que tengo alquilado hacía chistes despreciativos sobre su origen hacia un amigo argentino mientras traía su latita de anchoas para picar con el vinito. Qué selectiva puede ser la memoria de algunos desgraciados.
Son algunas de las cosas de una simple semana.
No creo que puedas comprender la perfección de algunos momentos de mi mundo ni el desprecio que puedo llegar a sentir hacia lo que algunas veces me rodea. Desprecio o simplemente vacío. Si a ese pobre desgraciado lo hubiese partido un rayo en ese momento o sufriese un ataque al corazón, creo que ni hubiese pestañeado. Quizá mientras se retorciese en el suelo le recordaría que es el indio el que está preocupado por él. No yo. Hipocresía es lo que me rodea. Millones se sienten afligidos en un país por 150 que han muerto en un accidente aéreo. Psicología colectiva, Freud escribió sobre eso. Seguramente no aprobarías el oirme así.
Esto es parte de lo que soy ahora. Quizá no me reconozcas y quizá no te reconociese yo a ti ahora. Conservo dentro de mí a la que eras. Ojala si algún día piensas en mí, hagas tú lo mismo. He evitado venir aquí siempre contándote quejas, sentado ante un teclado sin saber cómo contarte. Decirte que sigo echándote de menos sin que me veas como a un perro quejumbroso. He ido el jueves al cine con una amiga. Batman, el caballero oscuro. Me encanta Batman, me encantaban los comics cuando era un crío.
Quiere algo de mí que yo no puedo darle. Y no sé cómo decirlo sin romper o estropear una amistad.
Mañana saldré, me pondré la careta de sábado noche. Fingiré que todo está en orden, me estoy convirtiendo en un gran actor, pena de un director de cine cazatalentos. Iremos de cena y luego beberé sin mesura. Así quizá, aunque sólo sea por unas horas, logre olvidar el día en que te conocí.

domingo, 17 de agosto de 2008

Reproches.

Salgo ya de pronto. He de pasar por un hospital a ver a alguien, se encuentra bastante mal. En realidad no significa mucho para mí, o más de lo que me pueda importar el bienestar de otra persona. Más bien es el hecho de acompañar al que está con ella. El noviembre pasado estaba en el mismo sitio, pero otra persona estaba en otra cama. Ultimamente vengo aquí y es que me pongo más triste al escribirte. Lo siento. Me he preguntado si algún día lejano, leerás algo de todo esto y quiénes seríamos ambos. He estado dolido por ti, lleno de reproches. Si no te quisiese así, todo sería mucho más fácil. Me voy, una semana más.

sábado, 16 de agosto de 2008

Nada.

Nada que contar que no haya dicho ultimamente. No te imaginas el tiempo que me paso pensando en ti. En todo esto. No puedo irme a la cama sin decirte nada. No lo hago con unas buenas noches, ni siquiera eso, pero no puedo irme así.

viernes, 15 de agosto de 2008

Calma.

Después del frío llega el calor, como un cambio de estación. Hoy me siento débil en todos los sentidos. No he comido, también es cierto, pero tampoco me apetecía demasiado. Vuelvo a sentirme como un barco a la deriva, totalmente perdido. Es difícil vivir sin saber bien qué estás haciendo con tu vida o cuál es tu destino. En eso pienso, en el futuro, y mucho más en el pasado. He echado la vista atrás en mi vida, pero un montón. De mis tiempos de campamentos de verano, en lo fácil que era mi vida en ese momento, en lo poco que la saboreé. En lo lejos que parece todo ahora. Apenas me reconozco a mí mismo.
Ayer no pude finalmente escribirte, cuando empezaba sucedió algo que me lo impidió y lo hago ahora, antes de correr el riesgo a que me pase lo mismo. Empiezo nuevamente y siento otra vez una sensación de vacío, de pérdida. Ojala fuese de soledad, para eso estaría mucho más preparado que para lo otro, pero lamentablemente no es así. El martes lo volví a pasar realmente mal, por la tarde. Desasosiego lamentablemente conocido. Fui a pasear. Subí a un parque periférico con buenas vistas y me miraba al horizonte mientras la gente paseaba, algunos hacían footing, otros corrían de verdad. Pensé en mil cosas, quise apuntar ese día para preguntarte, quizá alguna vez, dentro de mucho tiempo, si en ese preciso momento tú estabas bien. Busqué respuestas sabiendo que no las iba a encontrar y rapidamente aparté las preguntas antes de que se accionase el botoncito de “on” y empezase a hacer picadillo mis sesos. Acabo con la sensación de puré en la cabeza. También una sensación demasiado bien conocida y nada agradable. Volví a reprocharte, en silencio. Bajé la vista al suelo y creo que . . . tristeza es la única palabra que describiría lo que pasó después. Lo mismo que ahora al escribir. Y posiblemente lo mismo que antes de acostarme. Por eso me cuesta escribir ultimamente. No sólo eso sino muchas más cosas más. Las fuerzas se me van muchas veces. Para ir al trabajo, para trabajar, para levantarme de la cama, del sofá. Para coger el teclado también. Pero aun así . . . el que no sabe dejar de quererte me obliga a venir. Pese a todo.

domingo, 10 de agosto de 2008

Domingo.

Como antaño encabezo estas líneas. He estado ausente, al menos aquí. Pero cuando todo lo que puedo decir sale con un tono de reproche, prefiero no decir nada. Siempre he ido a remolque. Cuando yo estaba aquí, tú ya estabas allí y cuando llegaba allí, estabas aun más lejos. No te escribo ya contando todo lo que me pasa, me recordaba a cuando era niño y quería llegar a casa para contar un montón de cosas. He estado desde la última vez creo que en un período de enfriamiento.
He deseado dar marcha atrás al reloj y estar en cualquier otro lado aquel domingo. En cualquier lugar del mundo menos en el que me permitió conocerte. Quizá a ti te haya pasado lo mismo. Pese a todos mis pensamientos, por mucho que quiera emplear el sentido común, no puedo dejar de quererte y sé que no puedo querer a nadie más.
El jueves pasado he salido de cena con los del trabajo y me he dado cuenta de ello. Una vez más. Una jodida vez más.
Estoy en periodo de descongelación, unos días más y mi cuerpo recuperará su temperatura normal.

domingo, 3 de agosto de 2008

Ausencia.

Ayer no te he escrito y hoy ya digo adiós. No he escrito pero he sentido que no lo hacía. Es difícil escribir cuando no se tienen cosas que sacar o escribir quejumbrosamente, como muchas veces antes. El mensaje de ayer posiblemente fuese el mismo de hace un mes, o de hace dos, y además me cansaría el hacerlo, me sentiría un poco más bajo de moral. Una nueva semana empieza mañana, a su final, te resumiré lo que ha pasado esta. Algunas cosas supongo, hoy dejo una nueva huella en la arena, unas más profundas, otras a golpe de brisa.

viernes, 1 de agosto de 2008

Como antes.

Hoy es viernes. 1 de agosto de 2008, llego a casa y te necesito. Hoy me gustaría escribirte como antes. Como hace mucho tiempo.