sábado, 26 de abril de 2008

Calor

El día de hoy se resume en calor. He ido a buscar unas fotocopias al mismo sitio al que tantas veces he ido antes de comparme este ordenador. Meses han pasado. Me atendió una persona que siempre estaba por allí y con mirada que decía “¿qué te ha pasado?”. Le respondí preguntando si las fotocopias estaban listas. Un lazo indirecto más que me une a ti, en cada sitio que vaya encuentro uno.
Ayer hice un montón de kilómetros, pasé por carreteras que no recorría desde hace casi 8 años. Entonces estaba dando mis primeros pasos en esto del mundo laboral. Algunos tramos los conocía bien porque durante la semana los recorría 10 veces. Conducía y pensaba que por entonces tú aún no habías aparecido, en quién eras tú entonces, dónde estabas. Miraba el paisaje y también me di cuenta que sólo la belleza de esta tierra puede competir con lo que siento por ti. También estoy enamorada de ella, pero en este caso es como el amor de un hijo hacia su madre. Si tengo que volver a salir de aquí, por el motivo que sea, y no dé regresado a tiempo, por muy lejos que esté, mi último deseo sería el que llevasen lo que quedase de mí hasta este lugar. Que me enterrasen en tierra, que me descompusiese allí y ser una parte más de ella.
Contemplaba el paisje, verde rabioso con pequeñas casas escondidaes entre pequeños mares de frondosas. Una casa vieja así, ese paisaje con algún pequeño río cerca y contigo a mi lado. Entonces sí creo que ya podría morirme, en el momento que Dios escogiese para mí. Sin embargo no fue más que otro espejismo, otro pequeño sueño roto. Llegué a un punto en el que no conocía la carretera y estaba más pendiente de llegar a tiempo, de seguir el mapa y no perderme. Siempre me las arreglo para encontrar cosas, encontrar el camino que me lleve a ellas, pero siempre cosas materiales, objetivos. Sin embargo no tengo la misma habilidad para aplicármela en determinados aspectos. Al final llegué a mi destino por la tarde, fui a la entrevista.
Una empresa que factura casi 900 MM euros anuales. Hablé con uno de esos pseudoejecutivos de corbata a punto de llegar a los 60, con la única formación académica que les ha dado décadas dedicándose al mismo negocio. Lo que me llevé de allí fue la sensación de que lo que ellos pudieran tener no iba a mejorar lo que ya tengo. Emprendí el camino de regreso nada más terminar, aun tenía otras tres paradas pendientes. Cuando terminé con todo, entre en casa y me hice un café rápido. Y me dejé caer en el sillón. Fue entonces cuando noté como si la materia que forma mi cuerpo hubiese triplicado su densidad desde la mañana. Cansado, pesado, herido. Mi herida es demasiado profunda pero no tanto para conseguir fulminarme. Mañana volveré a irme. Me despediré una vez más. Buenas noches amor mío.

No hay comentarios: