sábado, 19 de abril de 2008

Sábado LI

Antes contaba estos momentos por días y ahora lo hago por semanas. Siempre miro al futuro pensando en cómo serán las cosas entonces, en qué me deparará, en qué pasará, a veces incluso en cuánto viviré. Muchas otras me pregunto en cómo estarás o simplemente qué estarás haciendo.
Te he vuelto a echar de menos y como siempre, lo único que tenía a mano o lo único que podía rescatarme era un folio en blanco y un bolígrafo, sólo que en esta nueva etapa no lo he hecho. El dolor persiste, sigue ahí, cada nuevo día viene y me recuerda que no se separará de mí. Y tampoco tú. Creo que todo está en un mismo paquete ensamblado del que no puedes separar componentes.
Esta semana he deseado capturar varios momentos en los que me he sentido bien, tranquilo. Ha sido como ver una estrella fugaz en el firmamento y aunque todo fue muy breve me hubiese gustado compartidlo contigo. Quise precisamente eso, capturarlo, meterlo en un frasco para que no pudiese irse y que permaneciese conmigo en cada momento en el que te necesitase. Hacer un collar con él para no quitármelo jamás. Luego todo pasó, desapareció de repente, como si hubiese sido un sueño y el resto de estrellas que iluminaban ese firmamento no hubiesen existido nunca.
Pasa el tiempo y veo cómo se amplía la frecuencia con lo que lo hago, pero eso es lo único que cambia, sigues presente en mí cada día y cada día encuentro algo cotidiano que acaba llevándome a ti, es inevitable. Es como una poderosa corriente a la que poca resistencia puedes ofrecer y cuando parece que has construído una pequeña presa, una nueva riada arrasa todo en apenas unos segundos.
Te cuento de una nueva pareja que he visto recientemente. Eran extranjeros, del norte de europa, ellos dos y un bebé. Él caminaba descalzo con el niño delante del pecho en uno de esos arneses. Parecían que todo lo que tenían en este mundo lo llevaban en un par de mochilas y en ese arnés. Y eran felices, ella no sé que le dijo a él que le provocó una carcajada, quizá algo como “apúrate, que lento eres”. Me imaginé que no tenían nada y que lo tenían todo, y me pareció bonito. Luego miré mis zapatos, mi coche al lado y me pregunté quién era el más pobre entonces. Quise no tener nada para empezar a tener algo. No sabes cómo me gustaría empezar todo desde cero contigo, en otro lugar, lejos de toda la basura.
A lo largo de dos años te he ido metiendo poco a poco dentro de mí y tú has sido siempre el centro de mi día, de mi mundo, dejando un poco de lado todo lo que hasta ese momento conocí. Y te metí muy hondo, demasiado. Y ahora no sé vivir sin ti.
Decenas de anécdotas podría contarte de mi banal mundo, de mi día a día. De mi pequeña actuación diaria. En el trabajo me está yendo bien, vamos con normalidad. Me acuerdo mucho del verano, muchas veces también. Mi mente es como un procesador que no cesa ni un segundo en mover datos de un lado para otro, a veces incluso, me llego a preocupar. El próximo viernes alguien quiere verme por otro trabajo y no sé qué haré. Me pagarán más dinero pero la calidad de vida será bien diferente y no sé qué haré. Siempre he sabido qué hacer hasta que empezó todo esto. Como te he dicho muchas veces, me encuentro tremendamente perdido y desearía que todo lo que quedase dentro de mí fuese simplemente soledad.
Supongo que iré a esa entrevista y luego veré lo que hay. Ahora nuevamente estoy cansado pero esta vez agradezco que sea por motivos físicos. Me he levantado de madrugada para ayudar a mis tíos. He dormido cuatro horas. Sigo anclado a esta silla viendo pasar los minutos en el reloj, pensando y escribiendo, interrumpidamente. Agacho la cabeza y la apoyo sobre mis brazos, y tecleo de nuevo.
Me aburro, a mí mismo.

No hay comentarios: