viernes, 11 de abril de 2008

Viernes L.

Vuelvo un día más. Una semana más. Parece que hace siglos que no te escribo, los últimos fines de semana han sido de lo más accidentados, pero sin embargo, no pasa un solo día sin que piense en ti. Y no pasa un solo día sin que vengas varias veces a mí.
Esta semana han vuelto las malas costumbres, me he venido despertando a las 5 de la mañana y luego, paso tiempo entre dormido y despierto, no sé cuánto. Por las tardes es cuando peor lo paso, no sé cómo sucede, vienes, luego te vas. No sigue un patrón o regla fija.
A veces a eso de las 5, a veces más tarde. A veces en la cena, llegas a mí y todo a mi alrededor se apaga. Llega una noche diferente sobre la noche.
Una de estas noches, he escuchado nuestra canción en la radio. La oí al empezar y pensé que no lo aguantaría, pero ¿sabes una cosa?. Fue bonito el escucharla de nuevo. Eres mi tormento pero también mi alegría por muchos momentos que tuvimos, cuando logro quedarme sólo con lo bueno. Aunque eso no resulta nada fácil, el poder separar. De hecho, no puedo elegir. No puedo elegir nada.
Cuando llegas a mí improvisadamente me imagino que en esos momentos yo estoy llegando a ti, que a ti te pasa algo parecido. Que te falta el aire hasta el punto de dificultarte la respiración, de apenas tener fuerza física. Si cuando ves a un charly te pasa lo mismo que a mí. Si escuchas alguna vez esa canción. Pienso tantas cosas, cada día. Muchas veces estoy en el trabajo y. . . estoy contigo. . . en nuestro mundo, arreglándolo. O mejor, soñando. Mientras el responsable de departamento no sospecha nada, puede incluso exactamente lo contrario, en lo concentrado que estoy en el trabajo.
Otras veces camino de vuelta a casa por la noche y la situación se invierte. Aunque camino por aceras, atajo por parques y espero al muñeco verde de los semáforos, en realidad siento como si caminase entre ruinas, en una ciudad fantasma. Un día, hace ya muchas semanas te la describí como aquella sobre la que había caído una bomba nuclear y todo lo había arrasado. Así sigue estando todo dentro de mí, mis esfuerzos por empezar la reconstrucción no han tenido ningún éxito. A veces me siento demasiado débil y otras, aparecen el odio y la rabia, siento como recorren todo mi cuerpo y llenan todo ese vacío. No creo que pudieses entender nada de lo que ahora mismo te digo. Pero quizá pase mucho tiempo y puedas leer entonces al que en estos momentos soy.
Cuando pase mucho tiempo escribo, y no sé cuándo llegará ese día. No lo veo en la distancia, no sé salir de aquí. Si pasa un solo fin de semana sin que venga, significará que algo me ha pasado, no sé el qué.
Sigo recordando mi promesa. Mi promesa rota. Pasan días sin que tengas nada de mí pero tengo la sensación por dentro, de haber estado en el infierno. De vivir a veces en él, a haberme acostumbrado a ello. Fuera de aquí me siento demasiado frío con todo, con la gente, con el mundo que me rodea. Nada me importa. Me miran pero no me ven. Me tocan pero no me alcanzan. Hay otro dentro de mí. El que era antes se ha ido aunque su aspecto físico siga siendo el mismo. Sólo J. sabe lo que ha pasado, o sabe lo que yo sé. Con el resto del mundo, todo ha sido fingir, día sí y día también. Actuar. También me he acostumbrado a ello, lo hago cada día. Y empiezo a confesarme de nuevo, pero tampoco quiero que me veas así. Intento traerte siempre lo mejor que hay dentro de mí, lo mejor que queda de mí. Me sigo sintiendo tuyo y como te conté tantas veces, nada puedo empezar. Cierro mis ojos y veo a otra persona, escucho otra voz diferente.
Algunas veces mientras camino por los escombros de mi ciudad siento ganas de llorar, un nudo aparece en mi garganta y la aprieta. Fuerte. Sigo caminando y lo que hago es cortar la respiración, el tiempo suficiente hasta que el nudo desaparece. Llego a casa y lo único que me apetece es echarme en la cama, y esperar a que el despertador me diga que son las 7 y media de la mañana. Esperar a que pase pronto otro día y que sea viernes. Esperar pateticamente a emplear esta forma de sentirme cerca de ti.
Y escribo ahora, y el nudo aparece de nuevo.
Nadie en este mundo, en esta vida o en otras, podrá quererte como yo। Nunca.

Ni yo podré volver a querer así.

No hay comentarios: