domingo, 27 de abril de 2008

Soledad.

Esa palabra significa muchas cosas para mí. Hoy me duele escribirte, perdóname. Un beso amor mío, y hasta la semana que viene. Si tenemos puente, regresáré el miércoles. Si no es así, regresaé el viernes.
Hasta pronto amor mío.

sábado, 26 de abril de 2008

Calor

El día de hoy se resume en calor. He ido a buscar unas fotocopias al mismo sitio al que tantas veces he ido antes de comparme este ordenador. Meses han pasado. Me atendió una persona que siempre estaba por allí y con mirada que decía “¿qué te ha pasado?”. Le respondí preguntando si las fotocopias estaban listas. Un lazo indirecto más que me une a ti, en cada sitio que vaya encuentro uno.
Ayer hice un montón de kilómetros, pasé por carreteras que no recorría desde hace casi 8 años. Entonces estaba dando mis primeros pasos en esto del mundo laboral. Algunos tramos los conocía bien porque durante la semana los recorría 10 veces. Conducía y pensaba que por entonces tú aún no habías aparecido, en quién eras tú entonces, dónde estabas. Miraba el paisaje y también me di cuenta que sólo la belleza de esta tierra puede competir con lo que siento por ti. También estoy enamorada de ella, pero en este caso es como el amor de un hijo hacia su madre. Si tengo que volver a salir de aquí, por el motivo que sea, y no dé regresado a tiempo, por muy lejos que esté, mi último deseo sería el que llevasen lo que quedase de mí hasta este lugar. Que me enterrasen en tierra, que me descompusiese allí y ser una parte más de ella.
Contemplaba el paisje, verde rabioso con pequeñas casas escondidaes entre pequeños mares de frondosas. Una casa vieja así, ese paisaje con algún pequeño río cerca y contigo a mi lado. Entonces sí creo que ya podría morirme, en el momento que Dios escogiese para mí. Sin embargo no fue más que otro espejismo, otro pequeño sueño roto. Llegué a un punto en el que no conocía la carretera y estaba más pendiente de llegar a tiempo, de seguir el mapa y no perderme. Siempre me las arreglo para encontrar cosas, encontrar el camino que me lleve a ellas, pero siempre cosas materiales, objetivos. Sin embargo no tengo la misma habilidad para aplicármela en determinados aspectos. Al final llegué a mi destino por la tarde, fui a la entrevista.
Una empresa que factura casi 900 MM euros anuales. Hablé con uno de esos pseudoejecutivos de corbata a punto de llegar a los 60, con la única formación académica que les ha dado décadas dedicándose al mismo negocio. Lo que me llevé de allí fue la sensación de que lo que ellos pudieran tener no iba a mejorar lo que ya tengo. Emprendí el camino de regreso nada más terminar, aun tenía otras tres paradas pendientes. Cuando terminé con todo, entre en casa y me hice un café rápido. Y me dejé caer en el sillón. Fue entonces cuando noté como si la materia que forma mi cuerpo hubiese triplicado su densidad desde la mañana. Cansado, pesado, herido. Mi herida es demasiado profunda pero no tanto para conseguir fulminarme. Mañana volveré a irme. Me despediré una vez más. Buenas noches amor mío.

Momentos.

Sucesiones de momentos, cosidos a mano, como retales que acaban formando esta nueva vida. Mis sueños se reducen a considerarla como una pesadilla. Que he sufrido un accidente terrible y estoy en algún hospital en coma, que tú me esperas y que en realidad todo esto que me rodea no es más que un viaje, como el que mira el paisaje a través de una ventanilla de tren. O que ya he muerto. Muchos meses atrás. Y me decía que no, pero ya lo estaba.
Vida o sueño, ¿cómo ver la línea que los separa?. ¿Podrían otras personas haberla visto?. Aunque en realidad, esta última pregunta me importa bien poco. Sólo sé que mi mano siente el tacto de las cosas y mi nariz sigue diferenciando olores pero éste ya no es mi mundo. Estoy aquí pero no vivo aquí.
Momentos। El otro día te hablé de mi deseo de poder conservarlos, meterlos en algún frasco mágico e intentar perder lo menos posible de su esencia a la hora de traértelos. Pero no tengo un frasco mágico y este bolígrafo tampoco sería lo suficientemente hábil como para poder cerrarlo herméticamente. Supongo que sería como intentar darte de beber en el dormitorio llevándote agua desde el cuarto de baño con el único auxilio de mis manos a modo de recipiente.

El domingo pasado casi al final del trayecto y todavía en el coche vi otra luna. Aminoré la marcha aprevechando que era tarde y no había casi tráfico. Ni con la mejor cámara hubiese podido capturar ese momento. La luna estaba hermosa, llena y se veían sus manchas entre una rara bruma dispersa. Imaginé que la luna estaba allí desde hacía mucho tiempo, mucho antes que tú y que yo, que aquellos edificios. Retrcedí un montón en el tiempo e imaginé cómo eran las personas antes, siglos atrás. Pensé en mis antepasados. En los antepasados de esta tiera mágica. No fue sólo la luna, sino la noche, los sonidos en una radio que parecía a mil quilómetros, la tranquilidad del momento. No voy a decirte que te vi en el medio de esa luna, pero sí que volviste de nuevo a mí, y una vez más te dejé entrar. Y en lo poco que faltaba hasta llegar a casa, durante esos pocos minutos, sentí algo parecido a paz. Te escribo y ya no sé en qué semana me encuentro. La intermitencia de los fines de semana me hace perder la cuenta. Vuelvo a estar muy cansado y mi excusa de hoy es que he hecho un montón de quilómetros después del trabajo. Luego visita al pueblo (imagina el rodeo que he dado) y luego con mis tíos de aquí. Fotocopias en un locutorio. Y de vuelta contigo. Justo antes de desearte buenas noches.

domingo, 20 de abril de 2008

Domingo LI.

Son las ocho la tarde y llueve. Llueve y hoy me vuelvo a ir, sin más pena que gloria. Casi todos los domingos suelo recordar alguno de los de antes. Cosas de antes. Esta semana quiero terminar varias cosas pendientes en el trabajo, el viernes tienen que estar listas. Los plazos son más amplios pero luego tendré tiempo para mi mismo para dedicarme a otras cosas que me interesan. El viernes también iré a ver a esa gente, no pierdo nada por escuchar. Aunque nada más escribir eso pienso en que lo que tenía lo he perdido hace ya mucho tiempo, mucho antes de lo que pensaba. Una nueva lucha de David contra Goliath.
Vuelvo a sentirme cansado, creo que la tristeza tiene mucho que ver। Hoy me duele especialmente la cabeza. Miro por la ventana y el agua lo moja todo, el cristal, los tejados, el paisaje. El paisaje que quise siempre compartir contigo. Miro por esta ventana y empiezo a pensar, mi mente empieza a volar. Y pasa el tiempo, se hace de noche. Y aun siguen viniendo a verme los fantasmas.

Me marcho amor mío. Hasta la semana que viene.

sábado, 19 de abril de 2008

Sábado LI

Antes contaba estos momentos por días y ahora lo hago por semanas. Siempre miro al futuro pensando en cómo serán las cosas entonces, en qué me deparará, en qué pasará, a veces incluso en cuánto viviré. Muchas otras me pregunto en cómo estarás o simplemente qué estarás haciendo.
Te he vuelto a echar de menos y como siempre, lo único que tenía a mano o lo único que podía rescatarme era un folio en blanco y un bolígrafo, sólo que en esta nueva etapa no lo he hecho. El dolor persiste, sigue ahí, cada nuevo día viene y me recuerda que no se separará de mí. Y tampoco tú. Creo que todo está en un mismo paquete ensamblado del que no puedes separar componentes.
Esta semana he deseado capturar varios momentos en los que me he sentido bien, tranquilo. Ha sido como ver una estrella fugaz en el firmamento y aunque todo fue muy breve me hubiese gustado compartidlo contigo. Quise precisamente eso, capturarlo, meterlo en un frasco para que no pudiese irse y que permaneciese conmigo en cada momento en el que te necesitase. Hacer un collar con él para no quitármelo jamás. Luego todo pasó, desapareció de repente, como si hubiese sido un sueño y el resto de estrellas que iluminaban ese firmamento no hubiesen existido nunca.
Pasa el tiempo y veo cómo se amplía la frecuencia con lo que lo hago, pero eso es lo único que cambia, sigues presente en mí cada día y cada día encuentro algo cotidiano que acaba llevándome a ti, es inevitable. Es como una poderosa corriente a la que poca resistencia puedes ofrecer y cuando parece que has construído una pequeña presa, una nueva riada arrasa todo en apenas unos segundos.
Te cuento de una nueva pareja que he visto recientemente. Eran extranjeros, del norte de europa, ellos dos y un bebé. Él caminaba descalzo con el niño delante del pecho en uno de esos arneses. Parecían que todo lo que tenían en este mundo lo llevaban en un par de mochilas y en ese arnés. Y eran felices, ella no sé que le dijo a él que le provocó una carcajada, quizá algo como “apúrate, que lento eres”. Me imaginé que no tenían nada y que lo tenían todo, y me pareció bonito. Luego miré mis zapatos, mi coche al lado y me pregunté quién era el más pobre entonces. Quise no tener nada para empezar a tener algo. No sabes cómo me gustaría empezar todo desde cero contigo, en otro lugar, lejos de toda la basura.
A lo largo de dos años te he ido metiendo poco a poco dentro de mí y tú has sido siempre el centro de mi día, de mi mundo, dejando un poco de lado todo lo que hasta ese momento conocí. Y te metí muy hondo, demasiado. Y ahora no sé vivir sin ti.
Decenas de anécdotas podría contarte de mi banal mundo, de mi día a día. De mi pequeña actuación diaria. En el trabajo me está yendo bien, vamos con normalidad. Me acuerdo mucho del verano, muchas veces también. Mi mente es como un procesador que no cesa ni un segundo en mover datos de un lado para otro, a veces incluso, me llego a preocupar. El próximo viernes alguien quiere verme por otro trabajo y no sé qué haré. Me pagarán más dinero pero la calidad de vida será bien diferente y no sé qué haré. Siempre he sabido qué hacer hasta que empezó todo esto. Como te he dicho muchas veces, me encuentro tremendamente perdido y desearía que todo lo que quedase dentro de mí fuese simplemente soledad.
Supongo que iré a esa entrevista y luego veré lo que hay. Ahora nuevamente estoy cansado pero esta vez agradezco que sea por motivos físicos. Me he levantado de madrugada para ayudar a mis tíos. He dormido cuatro horas. Sigo anclado a esta silla viendo pasar los minutos en el reloj, pensando y escribiendo, interrumpidamente. Agacho la cabeza y la apoyo sobre mis brazos, y tecleo de nuevo.
Me aburro, a mí mismo.

domingo, 13 de abril de 2008

Domingo L.

Algo tiene que cambiar, no sé el qué, ni el cómo. Ni cuándo. Me gustaría tener una vida normal, el que llegase un fin de semana y poder desconectar. Mis temas son recurrentes, siempre te hablo de lo mismo. Me gustaría retirarme a algún sitio, aquel como el que tantas veces soñé y del que tantas veces te hablé. Intento buscar un sitio seguro en el suelo en el que poder poner el pie y que éste no se hunda, pero todo es lodo, no hay nada estable. O si lo hay, al menos no lo encuentro.
Y no encuentro nada porque yo mismo estoy perdido, ciego. Intento ser frío y racionalizar todo, hacer mentalmente un mapa que me indique el lugar en el que me encuentro. Un mapa sobre el que poder elegir el sitio al que ir, cómo ir, qué hacer.
Qué hacer podría ser una buena pregunta. Mis días pasan en un trabajo interesante pero no me siento motivado por nada. No es problema del trabajo, soy yo el problema. Aunque cambiase de trabajo, el problema seguiría estando ahí.
He roto con los amigos de toda la vida, apenas los veo, y tampoco necesito verlos। Ya he llegado a un punto que no me preocupa eso. Ayer hablé con H. No sentí nada especial, ni alegría por volver a hablar con él, ni ningún otro tipo de emoción. En días como hoy me alegro de que no puedas leerme.

Estoy cansado amor mío. Muy cansado. Y aun es domingo.

sábado, 12 de abril de 2008

Sábado L.

Sábado। Hoy sí he descansado, al menos he podido dormir mejor y también me he levantado más tarde, aunque la hora en que me desperté era la de una jornada normal. Hoy me he dado un respiro a mi mismo, o mi mente. Sigue resultándome tremendamente complicado el concentrarme en los estudios. He estado estudiando otras cosas que captan mucho más mi atención a pesar de no guardar ninguna relación con lo que debería estar haciendo. Pero de eso no puedo hablarte. Y aunque sigo pensando en ellas. . . te escribo. Sé que te darías cuenta. Mañana he de irme otra vez. He empezado a pensar en la fecha de tu cumpleaños, aun falta bastante tiempo, pero. . . . cada día que pasa. . . lo veo un poco más cerca. Y me hace ilusión. De las pocas cosas que podrían hacerlo en estos momentos, ésa es una de ellas.

viernes, 11 de abril de 2008

Viernes L.

Vuelvo un día más. Una semana más. Parece que hace siglos que no te escribo, los últimos fines de semana han sido de lo más accidentados, pero sin embargo, no pasa un solo día sin que piense en ti. Y no pasa un solo día sin que vengas varias veces a mí.
Esta semana han vuelto las malas costumbres, me he venido despertando a las 5 de la mañana y luego, paso tiempo entre dormido y despierto, no sé cuánto. Por las tardes es cuando peor lo paso, no sé cómo sucede, vienes, luego te vas. No sigue un patrón o regla fija.
A veces a eso de las 5, a veces más tarde. A veces en la cena, llegas a mí y todo a mi alrededor se apaga. Llega una noche diferente sobre la noche.
Una de estas noches, he escuchado nuestra canción en la radio. La oí al empezar y pensé que no lo aguantaría, pero ¿sabes una cosa?. Fue bonito el escucharla de nuevo. Eres mi tormento pero también mi alegría por muchos momentos que tuvimos, cuando logro quedarme sólo con lo bueno. Aunque eso no resulta nada fácil, el poder separar. De hecho, no puedo elegir. No puedo elegir nada.
Cuando llegas a mí improvisadamente me imagino que en esos momentos yo estoy llegando a ti, que a ti te pasa algo parecido. Que te falta el aire hasta el punto de dificultarte la respiración, de apenas tener fuerza física. Si cuando ves a un charly te pasa lo mismo que a mí. Si escuchas alguna vez esa canción. Pienso tantas cosas, cada día. Muchas veces estoy en el trabajo y. . . estoy contigo. . . en nuestro mundo, arreglándolo. O mejor, soñando. Mientras el responsable de departamento no sospecha nada, puede incluso exactamente lo contrario, en lo concentrado que estoy en el trabajo.
Otras veces camino de vuelta a casa por la noche y la situación se invierte. Aunque camino por aceras, atajo por parques y espero al muñeco verde de los semáforos, en realidad siento como si caminase entre ruinas, en una ciudad fantasma. Un día, hace ya muchas semanas te la describí como aquella sobre la que había caído una bomba nuclear y todo lo había arrasado. Así sigue estando todo dentro de mí, mis esfuerzos por empezar la reconstrucción no han tenido ningún éxito. A veces me siento demasiado débil y otras, aparecen el odio y la rabia, siento como recorren todo mi cuerpo y llenan todo ese vacío. No creo que pudieses entender nada de lo que ahora mismo te digo. Pero quizá pase mucho tiempo y puedas leer entonces al que en estos momentos soy.
Cuando pase mucho tiempo escribo, y no sé cuándo llegará ese día. No lo veo en la distancia, no sé salir de aquí. Si pasa un solo fin de semana sin que venga, significará que algo me ha pasado, no sé el qué.
Sigo recordando mi promesa. Mi promesa rota. Pasan días sin que tengas nada de mí pero tengo la sensación por dentro, de haber estado en el infierno. De vivir a veces en él, a haberme acostumbrado a ello. Fuera de aquí me siento demasiado frío con todo, con la gente, con el mundo que me rodea. Nada me importa. Me miran pero no me ven. Me tocan pero no me alcanzan. Hay otro dentro de mí. El que era antes se ha ido aunque su aspecto físico siga siendo el mismo. Sólo J. sabe lo que ha pasado, o sabe lo que yo sé. Con el resto del mundo, todo ha sido fingir, día sí y día también. Actuar. También me he acostumbrado a ello, lo hago cada día. Y empiezo a confesarme de nuevo, pero tampoco quiero que me veas así. Intento traerte siempre lo mejor que hay dentro de mí, lo mejor que queda de mí. Me sigo sintiendo tuyo y como te conté tantas veces, nada puedo empezar. Cierro mis ojos y veo a otra persona, escucho otra voz diferente.
Algunas veces mientras camino por los escombros de mi ciudad siento ganas de llorar, un nudo aparece en mi garganta y la aprieta. Fuerte. Sigo caminando y lo que hago es cortar la respiración, el tiempo suficiente hasta que el nudo desaparece. Llego a casa y lo único que me apetece es echarme en la cama, y esperar a que el despertador me diga que son las 7 y media de la mañana. Esperar a que pase pronto otro día y que sea viernes. Esperar pateticamente a emplear esta forma de sentirme cerca de ti.
Y escribo ahora, y el nudo aparece de nuevo.
Nadie en este mundo, en esta vida o en otras, podrá quererte como yo। Nunca.

Ni yo podré volver a querer así.

sábado, 5 de abril de 2008

Sábado IL.

Sábado y puedo escribirte más o menos tranquilo. Muchas cosas. Acabo de llegar a casa y tampoco hoy he parado en todo el día. Lo creas o no, lo he pasado montando un armario tipo IKEA y con unas cortinas. Sólo eso y ha volado el día, uno de mis dos días de descanso semanal. Caminaba esta tarde y me preguntaba dónde estarías y cómo estarías. He conocido a una pareja hoy, es mayor que nosotros. Ella está embarazada y sólo él trabaja, y estaban contentos porque le habían prorrogado el contrato un año. Hacían cuentas a fin de mes de lo que se podían permitir o no, más ahora con el niño (es un niño). Y envidié su situación, la de él. El no poder hacer yo lo mismo, nosotros de partida tendríamos mucho más que ellos. Yo unicamente te necesitaría a ti a mi lado y sólo con eso, me comería el mundo.
En cambio tengo más que ellos pero no tengo el tipo de fuerza que ellos tienen. Uno más uno algunas veces es mucho más que dos. He escuchado también tu voz esta mañana, muchas veces sólo tengo que cerrar mis ojos y recordar conversaciones. Y es maravilloso, auqnue sólo sea por unos instantes.
Estoy preocupado ultimamente porque me siento anormalmente cansado, todos los días, casi desde que me levanto. A veces me acuesto más temprano para comprobar si es por falta de sueño, pero duermo más y sigo sintiéndome cansado. Y por lo general, siempre desmotivado, tanto en el trabajo, como en el estudio. He de confesarte que no estoy estudiando demasiado. El pasado fin de semana por la visita que he tenido, y hoy es sábado, apenas he estudiado un par de horas esta mañana y el resto de tiempo lo he dedicado a tareas domésticas. Y al salir del trabajo, o me encuentro cansado o no me concentro. Este jueves, volví a escribirte a mano. Otra carta al viento. No podía concentrarme, pensar en otra cosa. Te escribí y cuando terminé me sentí mejor, como si hubiese echado, expulsado algo fuera de mí. Esto es enfermizo. No encuentro otra palabra.
Sea como sea, seguiré así, arrastrándome hasta que lleguen esos exámenes. Si por mi fuera, los haría mañana mismo, sin tenerlo todo preparado, pero al menos, me quitaría un peso de encima. Sigo sin ver a los amigos de siempre, me he distanciado ya demasiado. Como ya te dije tantas veces, son muchas las cosas que han dejado de importarme. Demasiadas quizá. Y tampoco me importa demasiado que hayan dejado de importarme. Sigo en nuestro mundo, el mundo que he creado para los dos. Tú sigues estando sin estar. Cuando siento dolor, intento arrancarte, odiarte, pero es una lucha estéril. Es como intentar derrumbar una montaña con un pico y una pala.
Dentro de nada, me iré a la cama. Rezaré esta noche, o maldeciré, no lo sé aún, en los pocos pasos que me separan del dormitorio, mi mente puede hacer maravillas.
Buenas noches amor mío. Ojalá algún día puedas ver todo lo que ha habido dentro de mí hasta llegar al momento en que deje de sentir la necesidad de escribirte. O hasta que pase algo que me lo impida fisicamente.

Viernes IL

He vuelto a aparecer aun ahora. Otro viernes muy largo. Sólo vine para decirte que he llegado, que estoy muy cansado, que me pican los ojos y que me voy a la cama.

Te he echado de menos. Hasta mañana, necesito descansar.