viernes, 9 de mayo de 2008

Garganta.

Como un avispero en estos ahora. Me acuerdo hace mucho tiempo de aquella vez en la que me pasó algo parecido y estuve dos días en cama. El diagnóstico fue infección respiratoria aguda. Y tú te reías de mi estado, decías que fingía y a mí me daba rabia. Éramos como niños pequeños. Hoy ha pasado mucho tiempo desde aquel par de días en cama. Siento por la semana muchas veces una necesidad de hablarte, de contarte que se apaga cuando llego aquí. Un momento pasado que no conseguí capturar y días como hoy, llego a ti con las manos vacías. Nunca llenas, como antes, porque el paso del tiempo es duro, me castiga día a día. Sea como sea siempre acabo volviendo, siempre volveré y siempre estarás conmigo. Por encima de todas las cosas, de cualquier cosa. Pateticamente ante mi mismo. Una y otra vez.

Salgo al mundo de ahí fuera y un día y otro también, me pongo mi armadura, pero llego a ti y soy el niño, el hijo y el amante. El vacío es enorme. Podría tirarme por él y no creo que me estrellase nunca. Moriría antes de inanición. A veces siento ganas de gritar un “Por qué”. Subir a una montaña bien alta, llenar los pulmones y vaciarlos en un “¿Por qué así?.

Y lo escribo y paso muchos minutos pensando en ello antes de terminar de escribirte en mi regreso de un viernes más. Ya he perdido la cuenta de las semanas que han pasado. Siento estar así siempre, pero no me pidas que sea como antes. No puedo serlo. ¿Por qué vengo?. Porque lo sigo necesitando. No creas que me gusta sentir esto.

No hay comentarios: