Lo que hoy te escribo será lo que he tenido dentro de mí el último jueves de mayo de 2008. Mañana lo único que haré será pasarlo a ordenador.
Empiezo a escribirte así y es como si tuviese la intención de nada más terminar, meter estas hojas en un cofre, cerrar su candado y echarlo al mar. Luego pasarían miles de años hasta que algún arqueólogo del futuro la recuperase. Me sigo sintiendo terrible y enfermizamente cansado. Los lunes son mi peor día porque veo lejano el momento de poder volver a casa, aunque tú no estés, siento que puedo estar un poco más cerca de ti. Suelo venir a casa a comer pero no sé si eso es conveniente porque luego me echo en el sillón y lo que más me apetece en ese momento es el quedarme ahí el resto del día. El resto de la semana, me atrevería a decir.
Mi sentido de la responsabilidad tira de mí, me pongo la chaqueta y al pisar la calle, alguna de mi de media docena de caretas. Y así cada día. Como el que se desangra gota a gota. Es como si el alimentarme, el dormir, tuviese como único fin el sufragar esa pérdida de gotas, no el de conseguir aplicar unos puntos de sutura.
He estado con R. por la tarde. Hablando de temas triviales opinó que el que pierde subitamente a alguien querido (se refería a la muerte) tiene que dejar pasar un año hasta que empiece a recuperarse. Durante ese primer año tienen lugar los peores momentos, recuerdos de aniversarios, fechas especiales y miles de recuerdos. Le di la razón sin estar de acuerdo con él. Mi primer año está a la vuelta de la esquina y todo sigue, en el mejor de los casos, igual.
Ya hace mucho tiempo que no te hablo de lo que me gustaría a cada momento porque son tantos los sueños rotos, que creo que he perdido la capacidad de soñar. Te escribo hoy porque como ya sabes, es la única forma de sentirme cerca de ti. Puedo contarte, aliviarme con ello hasta cierto punto.
Te escribo hoy porque mañana volveré a llegar tarde a casa, posiblemente bien entrada la noche y lo único que habrá entonces, será un estoy cansado y me voy a la cama.
Un montón de cosas banales te contaría, de mi mundana vida, pero la veo tan insignificante que no consigo hacerlo. Sé que debo coger fuerzas pero todo se me hace un mundo. Mi parte racional me lo repite cada dos días, pero puede más la otra. La que no sabe más que quererte.
sábado, 31 de mayo de 2008
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